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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 13 de enero de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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La nostálgica llamada es representativa de la nueva época que les toca vivir a los dos expresidentes, representó la comunicación de un exiliado a otro. Fue el contacto de un ex líder progresista de otrora alta popularidad, a su amigo. Dos personas que están en la plenitud de sus carreras políticas y, sin embargo, deben mirar las situaciones de sus países desde lejos.Sus situaciones son casi idénticas. Morales llegó al poder en 2006 y gobernó casi 14 años, mientras Correa inició su gestión en 2007 y no fue derribado por ninguna revuelta nacional, como su amigo boliviano, pero sí previó que perdería la posible reelección y prefirió dejar el poder en 2017 a un supuesto “delfín”, que rápidamente se alejó de él. En ambos países, la popularidad que tenían los dos se ha reducido notoriamente y están gradualmente pasando al olvido. Por lo menos temporal.
Correa podría retornar a Ecuador, igual que Morales a Bolivia, pero en ambos casos serían detenidos. Y ninguno de ellos está dispuesto a jugar a Mandela. Prefieren el rol de “fugados con vida burguesa” a “héroes en una pequeña celda”. Eran valientes cuando estaban detrás de uniformados o miembros de organizaciones sociales. Al llegar al llano se les esfumó el valor.
En una cosa más podría Morales asemejarse a su ex colega ecuatoriano en el futuro cercano: no poder participar nunca más de un proceso electoral. En Ecuador, el Gobierno de Lenin Moreno promovió una reforma constitucional, vía referéndum, para prohibir que quienes ya habían gobernado en el pasado lo volvieran a hacer en el futuro. Fue el fin de la carrera de Correa. Si quisiera retornar al bello palacio ecuatoriano de Gobierno tendría que hacerlo mediante un golpe de Estado o de una asonada popular. Ambas son cuasi imposibles.
Evo podría sufrir el mismo destino. Si un candidato anti Morales gana la próxima elección y logra alianzas que representen dos tercios de los votos del Parlamento, cosa que no es imposible, se podría aprobar una ley de reforma constitucional, para analizar varios temas, entre otros el de prohibir una nueva elección de quienes ya estuvieron en el poder en dos periodos consecutivos. Luego, un referéndum podría lograr el apoyo necesario de más del 50% de los votos. Sería el fin de la historia para Morales. Sé que las antiguas fuerzas opositoras al MAS ya están evaluando esta posibilidad. Solo como un apunte se puede añadir aquí que un exceso de candidatos anti MAS no es positivo para ejecutar esta idea y llevar adelante otros planes de democratización.



