Medio: El Día
Fecha de la publicación: jueves 09 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Una de ellas es la alianza entre dos exdirigentes cívicos, Luis Fernando Camacho Vaca y Marco Antonio Pumari Arriaga, de Santa Cruz y Potosí, presidente y vicepresidente, respectivamente. Sus jóvenes liderazgos fueron claves para que, tras 21 días de paro en todo el país, el tirano Evo Morales renunciara y huyese de Bolivia el 10.XI.19.
Asumimos que las elecciones del 3 de mayo próximo, con nuevos Órganos Electorales idóneos y transparentes, tendrán lugar en paz y libertad, a pesar de las amenazas del huido cocalero Morales y su violento heredero Andrónico Rodríguez en Chapare, santuario de la materia prima de la cocaína, la hoja de coca, protegida por ‘narcos’ y afines del antiguo régimen.
Esta transición busca restablecer el Estado de Derecho y la institucionalidad democrática, para desmontar 14 años de uso, abuso, mal uso del poder, corrupción y crímenes de lesa humanidad. Busca reivindicar identidades territoriales, demandas regionales y diversidades socioculturales mestizas, sin menoscabar otras identidades étnicas, ni la necesaria unidad política para enfrentar al partido del autócrata.
La sociedad boliviana reclama reconocimiento social, representación política y redistribución de la riqueza. Exige autonomía real, no embargada, y Pacto Fiscal que elimine el Estado centralista de Morales, que concentraba cerca de 90% de la riqueza y los recursos, dejando un esmirriado 10% para 9 Gobernaciones, 339 Municipios, 10 Universidades y Pueblos Indígenas fuera del mundo andino.
De sobra sabemos que Santa Cruz y Potosí tienen historias distintas, pero sí un rasgo común: haber sido víctimas del centralismo desde el pasado colonial, durante la República y en los casi tres lustros del experimento Plurinacional de Morales, más etnocentrista aymara que pluri, a despecho de las 36 naciones incluidas en la Constitución. Y a merced de la visión unívoca ‘originario-indígena-campesino’ como elemento de homogeneidad, para un proyecto autoritario cuyo objetivo eran el pensamiento y partido únicos.
“Lo concreto como síntesis de múltiples determinaciones, es decir unidad de lo diverso”, parece una extravagancia de Marx, pues ni los primeros comunistas-socialistas, ni los que les siguieron tomaron ni toman en cuenta. Mucha sangre abonó la existencia de los Estados centralistas y su dominio total sobre la política, la economía, la sociedad, la cultura, la educación, la alimentación y los servicios básicos, con la explotación de las necesidades y la pobreza como recurso político populista.
Para el escritor paceño Ramiro Velasco Moreno “El Estado centralista se erige como una superestructura vertical”, y debe ser visto como “producto de la estrechez política del sistema administrativo estatal”, por “la impotencia estatal para contener a la nación”. Su no resolución, remata en injustas asimetrías de todo orden.
Comparto un esclarecedor pensamiento del historiador cruceño Humberto Vázquez Machicado: “Pretender la existencia de un estado precolombino a base de la existencia del Kollasuyo únicamente, es olvidar por completo al Oriente tropical y circunscribir Bolivia a una sola de sus partes, a la región andina.” Esa es la historia “de una porción de un territorio; pero no es de la totalidad de sus tierras, y de sus gentes.” Afirmó que “La fecha fundamental de esta patria boliviana es el 15 de febrero de 1560 en la cual el Virrey del Perú, Márquez de Cañete, designó a Nufrio de Cháves Teniente de Gobernador de la Provincia de Moxos, uniendo así, mediante acto jurídico, los dos componentes de la nacionalidad que ese día se creaba: el Oriente tropical y el Altiplano andino y minero.” Esta tesis no ha sido asumida en el país, gobernado casi siempre sin mirar al Oriente y al sur.
Santa Cruz vivió entre la pobreza y el olvido bajo el “ser minero” de la República, que omitió, todo lo que no fuera andino y mineral. Remato la idea con otro cruceño, Enrique Finot: “Respecto a la región oriental, la omisión ha sido mayor, sin considerar que esta región abarca las dos terceras partes del suelo con el que la Patria nació a la vida independiente”.
La historia de Potosí es otra historia de centralismo sin redención: la plata del Cerro Rico, abonó la primera experiencia colonial burguesa de Europa en América Latina, al calor de la ‘acumulación originaria’ del modo de producción capitalista. Hoy Potosí sobrevive a pesar del abandono, sediento de justicia, oportunidades y gobernanza, con el litio como esperanza. Esta vez como la riqueza que deberá sacar a la región y a su gente de la pobreza multidimensional que la agobia, por la impotencia estatal de contener a la nación.
Bolivia necesita otras visiones que abracen las diferencias con igualdad y equidad, también de género y etaria. Que conjugue su abigarrada geografía, sus múltiples determinaciones, su rico mestizaje y sus impulsos descentralizadores con autonomía y federalismo. Por eso confiamos en la gran concertación política alrededor del binomio Camacho-Pumari.



