Medio: ANF
Fecha de la publicación: martes 07 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En estas encuestas las personas que declaraban no haber decidido aún por quién votar o que planeaban votar nulo o blanco oscilaba entre el 20% y el 26%. Era el mayor número de votantes después de aquellos que declaraban votar por el MAS y, dependiendo de la encuesta y del momento en la que se realizaba, se disputaban el segundo lugar con CC. Superaban de lejos Bolivia dice No o al PDC.
Sin embargo, los analistas, periodistas y los mismos candidatos ofrecieron una lectura muy floja de este grupo: eran vistos como personas que había que convencer, pero no sabíamos cómo, por qué no habían decidido aún o por qué habían decidido anular su voto o votar en blanco. A ningún encuestador le interesó indagar más en esto y pasó desapercibido. El día en el que llegaron las elecciones, ese 26% de indecisos se redujo a un 5% que votó nulo o blanco. Debido al sinnúmero de irregularidades que plagaron ese proceso, no sabemos exactamente cuántos y a dónde migraron; pero no queda duda de que migraron.
No hay nada que moleste más al votante boliviano que desperdiciar su voto. Así que si bien puede estar indeciso la mayor parte de la época pre-electoral, a la hora de la verdad, toma una decisión. Pero toma esta decisión forzado por las circunstancias, intentando darle una vida útil a su voto, según su criterio de utilidad. Lo más interesante de este dato es que los indecisos, los disconformes, los que no se sienten atraídos por ninguna fuerza electoral son la segunda fuerza política del país.
Hubieron varias voces que se sorprendieron del 8% obtenido por Chi del PDC. Muchos decretaban: somos un país profundamente conservador. Seguramente existen fuertes y crecientes sectores conservadores en la población boliviana, y valdría la pena entender sus motivaciones e ideas. Pero más que conservadores, somos un país profundamente disconforme, profundamente desilusionado y totalmente ignorado. La verdad es que el segundo grupo más importante de votantes no se sentía representado, ni atraído por ninguna propuesta electoral, que, a la hora final, hayan decidido hacer un uso estratégico de su voto, sólo muestra que son personas que les interesa aportar a su país, desde el milímetro cuadrado que este sistema electoral inútil le permite.
Ahora, después de los desastrosos resultados del 20-O, vuelven a salir encuestas y… ¡sorpresa! vuelve a aparecer la segunda fuerza política del país. Vuelve a aparecer ese ente amorfo con el que ningún político sabe relacionarse porque nuestros políticos no saben hacer política con la gente, sólo saben hacer pactos corporativos con dirigentes; y como no hay dirigente del sindicato de los indecisos, no saben qué hacer. Lo que sí saben, muy bien, es que ese indeciso no quiere perder su voto y terminará votando por quien tenga mejores chances de ganar; entonces, el político de pura raza, en lugar de ofrecerle mejores propuestas al indeciso (que igual no podrían porque no lo entienden) se dedica a destruir a su oponente para que este baje en las encuestas y así, él, se vea, por descarte, como una mejor opción para el votante indeciso que está cansado de todo y de todos pero que no tiene otra mejor opción que votar por “el menos peor”.
Si yo fuera candidata, sería la candidata de la segunda fuerza política del país. En lugar de invertir dinero en basura electoral, es decir, en panfletería, poleritas, llaveritos y calendarios, invertiría el dinero de mi campaña en tratar de entender mejor a esta segunda fuerza política del país. Realizaría encuestas y grupos focales, iría a visitarlos puerta por puerta e intentaría comprender qué creen ellos que falta en la política. Si fuera candidata estaría convencida de que, en el escenario actual que tenemos, el MAS, el CC y otras fuerzas políticas menores tienen un voto duro, que en verdad es un voto fanático: inamovible y endiosado. Pero también pequeño. Pequeño en comparación al gran grupo que componen los indecisos. Concentraría mis energías en ellos en lugar de hacerle guerra sucia a mi oponente. Una guerra sucia que no va a cambiar ni un solo de los votos endiosados y que solo envenenará las mentes de los indecisos.
Sin embargo, una cosa sí les prometería desde el día uno. Si yo fuera candidata les prometo a Uds., los indecisos, la segunda fuerza política del país, que nunca más tendrán que verse enfrentados a un sistema electoral viciado que les obliga a votar por quien no confían y que les obliga a usar su voto estratégicamente. Ese sistema que los ha dejado huérfanos de ideas, propuestas y esperanzas. Nunca más les obligaremos a votar en contra de sus convicciones y le llamaremos a eso “democracia”. Después de cada elección, no falta el medio de comunicación que se lanza el eufemismo de “el soberano ha hablado”, pero en Bolivia el “soberano” no habla, lo ahorcan hasta que diga lo que el sistema quiere que diga. Nunca más. Para cumplir esta promesa, propongo: a) eliminar el voto obligatorio; b) dar efecto electoral al voto nulo; y c) generar un sistema de voto por ranking en lugar de voto único ( es decir, un sistema, que ya existe en varios lugares del mundo, en el que la gente no vota sólo por un candidato, sino que puede votar por varios si quiere, poniéndolos en un ranking que les permita poner a su opción favorita y a otros candidatos que también le atraigan. En este sistema, un candidato siempre gana legítimamente con el 50% de los votos).



