Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 07 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
El MAS tiene una base electoral dura, el manejo del aparato público, recursos de la burocracia adquiridos mediante la corrupción institucionalizada, otros de origen sospechoso, y una vocación de poder demostrado en los conflictos de los que logró salir airoso durante 14 años, rompiendo la legalidad, la Constitución y la dignidad de las personas. No debemos olvidar que utilizó la violencia estatal en todas sus manifestaciones con el chantaje y sus variantes de la extorsión, la coacción, la amenaza…
Como no pensaban irse, no les dio tiempo para ordenar el retiro y por eso vemos todos los días documentos con millones de bolivianos y dólares dispendiosa e irresponsablemente ejecutados dejados sobre la mesa. Le toca a nuestro Gobierno hacerlos públicos, en su versión más objetiva y dura. Recordemos que liberarnos de la corrupción y la elección transparente son sus dos tareas fundamentales.
El proceso electoral, con el MAS habilitado, tendrá una papeleta sin la foto de Evo Morales, pero con él intentando ser el que sigue mandando, en las acciones y en el discurso. Demasiado silencioso está el núcleo estratégico para suponer que están reflexionando sobre una derrota, una renuncia y una huida en la que no creen. Y aunque los argumentos constitucionales están impuestos, la reiteración del golpe de Estado continuará como base de su discurso interno y para algunos aliados internacionales despistados.
Mientras tanto, en la dirigencia política del campo democrático se requiere trabajar más en precisar las condiciones que lograron la huida de Morales. Los análisis parciales que asuman las consecuencias a una sola causa, o a un grupo de ellas, no se condolerán con los acontecimientos; convengamos que se necesitará la mayor objetividad para establecer la posibilidad de concluir el cambio de manera exitosa y todavía no hemos concluido el debate a fondo.
Un resumen podemos expresarlo: que se produjo la suma de casi 3/5 del electorado boliviano el 20 de octubre votando por fórmulas distintas al MAS y por Comunidad Ciudadana como primera opción, y luego, se sumaron dos tercios de la población a la ruptura definitiva durante la revolución de las pititas y las rotondas. Sin esta segunda etapa, no se le habría podido ganar al Gobierno y tampoco se habría impedido el uso de la violencia a la que los masistas estaban tan acostumbrados. Fracasaron estruendosamente los estrategas y le mintieron al expresidente, esta vez, sin retorno.
¿Podrá lograrse una situación similar el 3 de mayo? En este momento, la respuesta es no.
Podría argumentarse que faltan varios meses y el camino aprendido ayudará a los votantes a definir una opción ganadora para, si no ganar en la primera vuelta, hacerlo seguro en la segunda… Sin embargo, es demasiado grande el riesgo para no tener la seguridad de un resultado previsible. La preocupación de Jeanine al convocar a los líderes democráticos a debatir el tema, hace a su mandato. Ella es presidente de todos los bolivianos, pero encarna un espíritu por el cual se movilizó el pueblo boliviano y que aspira democratizar el Gobierno y el Estado.
Sin favoritismos y garantizando la transparencia, los símbolos del poder deben ser entregados a un gobernante comprometido con la democracia, con la inclusión, con la transparencia y con los valores que fueron desconocidos por una llamada revolución, que escarneció a aquellos que no la apoyaban, así haya contado con mayoría electoral.
Ya nos libramos de un autócrata, digamos claro que ahora necesitamos a un presidente democrático.



