- RED UNO - Jueza autoriza a Jhonny Fernández ejercer funciones desde Palmasola
- Correo del Sur - Tardío resume propuesta en 5 pilares para Sucre
- Urgente BO - Copa anuncia su retiro de la política y confirma su embarazo: “Quedarse con la familia es lo mejor”
- Correo del Sur - TED de Tarija confirma debates electorales el 11 y 15 de marzo rumbo a las elecciones subnacionales
- Correo del Sur - TED Chuquisaca habilita 6 puntos de información
- Correo del Sur - Vocales del TED Chuquisaca se pronunciarán este jueves sobre impugnaciones
- Correo del Sur - Paz destaca a Patria como un proyecto en construcción
- El Deber - TSE define debates para gobernadores y alcaldes ¿Cuándo serán?
- El Deber - El TSE tiene al menos cinco tareas pendientes antes de las elecciones subnacionales
Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 06 de enero de 2020
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Procesos contra autoridades electas
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
De este profesor aprendí mucho. Aprendí a ver al poder penal como violencia de dimensión política. Aprendí que la violencia nunca resuelve conflictos (simplemente los transforma o los suspende). Aprendí que el sistema penal afecta a las víctimas de sus conflictos muchas veces en su detrimento. Aprendí a reflexionar sobre la criminalidad más grave e impune: la criminalidad de los Estados y el abuso de poder, por ausencia de límites efectivos.
Aprendí a situar la profesión de la abogacía y la disciplina del derecho en la construcción y preservación de dichos límites. Aprendí sobre la selectividad del sistema penal, la criminalización por estereotipos y la prisionización de la pobreza. También aprendí que ese poder se usa para silenciar la disidencia y la oposición. Aprendí sobre el rol verticalizador del poder penal y sobre cómo la demagogia vindicativa sirve para romper lazos de solidaridad entre sectores marginados y excluidos.
Aprendí que el derecho, particularmente el derecho penal, no podía ser utilizado para crear jerarquías de personas, ni instalar privilegios a favor de clases sociales o políticas. Me inspiré en ese razonamiento para hacer mi tesis de grado sobre la inconstitucionalidad de procedimientos de juicios especiales, de privilegio o excepción. Estas, entre muchas otras, lecciones aprendidas.
El profesor argentino que me ayudó a aprender todo esto fue Eugenio Raúl Zaffaroni. Lo vi sentado en conferencia de prensa a lado de Evo Morales Ayma. La escena me causó profundo dolor, tristeza y decepción. Me entristeció en particular toda la diatriba apologista sobre los privilegios de inmunidad para los dignatarios de Estado.
Me dejó perplejo su lectura desinformada y errónea del marco constitucional y legal boliviano, agravada por su completa ignorancia sobre los hechos alrededor del gobierno masista y renuncia de su ahora cliente.
Me pareció deplorable y antiética su postura parcializada sin haber previamente renunciado a su cargo como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Especialmente doloroso fue observarlo brindando apoyo a un tirano que destruyó el orden constitucional, desconoció el voto del 21F; fue instigador de una sentencia prevaricadora que lo habilitó contra el voto popular para participar en las últimas elecciones, y en ellas propició fraude electoral, para después convocar a sus sectores mafiosos a reprimir la legítima protesta social, asfixiando las ciudades, cortando provisión de agua, impidiendo el paso de alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad.
Todo en medio del caos, la violencia callejera, el vandalismo y terrorismo, enardecido por su retórica vindicativa y racista.
Me daría algo de consuelo pensar que se ha convertido en un viejo senil, desubicado e ignorante y que su brillante mente se ha apagado. Si es así, me encuentro en pleno duelo. Como un estudiante y admirador de las enseñanzas del profesor Zaffaroni, ayer aprendí la lección más dura de todas: los maestros no siempre viven a la altura de lo que enseñan.
No existe nadie inmune a ser corrompido, enceguecido y envenenado por la política. Los más eruditos pueden desconectarse de la realidad, al punto de su captura por los carceleros de su propia vanidad o ambición, y pueden ser instrumentalizados siempre para dar ropaje académico a la tiranía y a la represión.
La contracara de esa lección es que las enseñanzas sobreviven a sus traidores, con todo el dolor que me causa usar esa palabra para referirme a Zaffaroni. Que sea el error del maestro un llamado de alerta para quienes fuimos sus discípulos. Tratemos de evitar que la mancha sobre su nombre sea confundida o asociada con los aciertos de su obra, que sigue siendo válida y necesaria, especialmente ahora.



