Medio: La Razón
Fecha de la publicación: sábado 04 de enero de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Ahora bien, resulta comprensible que una parte de la población asuma la “pitita” como emblema propio e incluso en tanto señal de identidad o de acción política, pero pretender que tal símbolo representa a “toda la nación” es francamente un extravío. Para otra parte de la población, menos visible, la “pitita” es sinónimo de “golpe de Estado” y de “persecución” o “masacre”.
En ese sentido, las autoridades provisorias yerran en su percepción al adoptar y exaltar la “pitita” como insignia de “reconciliación” o de “unidad de todos los bolivianos”. Peor aún cuando la utilizan con frivolidad en logotipos (Bolivia TV), en promociones de empresas públicas (“megapitita” de Entel) y en discursos oficiales (“pitita de reconstrucción nacional”).
Si el deseo genuino de unos y otros es recomponer el tejido social (hoy fracturado en el país), y avanzar en la difícil y larga pero necesaria reconciliación entre todas y todos los bolivianos, será necesario buscar símbolos y horizontes comunes, que unan en lugar de dividir. De lo contrario, la “generación pitita” y la “generación wiphala” seguirán siendo partes irreconciliables.



