Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: viernes 03 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Muy poco después, en lo que tiene todo el aspecto de algo más que una coincidencia, la presidenta transitoria, Jeanine Áñez, entró al ruedo electoral al hacer pública su intención de convocar a una cumbre política con el objetivo de evitar la dispersión del voto y conformar un frente único para garantizar el “proceso democrático” e impedir el retorno del Movimiento al Socialismo (MAS) al poder. Además, convocó a la generación de las “pititas”, como se denomina la juventud que se movilizó contra el expresidente Evo Morales, a que esté alerta “ante el riesgo de que haya varias candidaturas”.
Es muy cuestionable la intención de Áñez, y por muchas razones. La principal de ellas es que parte de la muy equivocada suposición de que la falta de unidad sería el principal problema de las corrientes que se proponen evitar un triunfo del MAS en las próximas elecciones. Con esa lógica, Áñez y el sector político que la respalda parece haberse propuesto como principal objetivo consolidar un liderazgo capaz de aminorar las diferencias y rivalidades entre las dos principales propuestas alternativas al MAS. Dicha propuesta, empero, puede ser peor que la enfermedad.
El problema fundamental que tienen es que, salvo iniciales experiencias, actualmente no hay un partido político que ejerza como tal y sea capaz de tener una visión de país, con presencia orgánica en los diferentes sectores de la sociedad de manera tal que pueda agregar –conciliando– sus particulares demandas y, sobre esa base, ofrecer a la gente un programa viable que capte su adhesión.
En efecto, lo que hasta ahora predomina son grupos de adherentes a un determinado personaje, al que pretenden proyectar hacia el primer plano del escenario político nacional recurriendo a técnicas propias del marketing más que de una acción política capaz de proyectarse seriamente hacia el porvenir.
Para hacer frente a los enormes retos que se perfilan en el horizonte hace falta más, mucho más, que una fórmula acumuladora de votos. Hace falta una visión de país, un programa de gobierno, una red de liderazgos y una organización política capaz de proyectarse más allá del acto electoral. Y eso, lamentablemente, es algo que está muy lejos de aparecer.



