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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 02 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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No soy particularmente optimista, pero tampoco pesimista sobre el futuro inmediato, sobre todo porque el pueblo boliviano ha sabido sortear con gran madurez democrática las pruebas y trampas que le ha sembrado la historia. Tal vez por aquello que decía René Zavaleta Mercado, que en Bolivia “la eternidad no dura veinte años”, el pueblo boliviano ha logrado sacudirse de dictaduras y autoritarismos de manera relativamente pacífica, mientras otros pueblos no logran encontrar el camino de la libertad. Sobran los ejemplos.
Los 30 días que vivimos los bolivianos en octubre y noviembre pasados sí que los sentimos como una eternidad. Si el país no estuvo al borde la guerra civil, deseada por los sectores radicales masistas, como proclamaban abierta e irresponsablemente en sus manifestaciones, sí fue víctima de la violencia terrorista, como se vio en los atentados contra los buses PumaKatari, el incendio de viviendas, el ataque a dinamitazos a la planta Senkata y los saqueos de El Alto y otras zonas del país.
Fueron días muy duros, cargados de malos presagios, superados gracias a la madurez del pueblo boliviano, pero también a la cordura y sensatez de muchos sectores políticos que se dieron a la tarea de bajar tensiones y pacificar ánimos. La pacificación no hubiese sido posible sin la participación del sector “concertador” del MAS, encabezado por la senadora Eva Copa, cuya aparición en la escena pública ha sido un soplo de aire fresco. Poner los intereses del país por encima de los partidarios le ha valido a ese sector el ataque del masismo radical, encabezado por el propio Evo Morales.
Tampoco hubiese sido posible sin la actitud dialoguista de la presidenta Jeanine Añez, quien ha hecho de la pacificación uno de los principales objetivos -y hasta ahora un logro- de su difícil gestión. La señora Añez, quien cumplió 50 días de mandato el 31 de diciembre, tiene todavía un duro camino por delante, no sólo para el cumplimiento de otro de sus objetivos, la realización de elecciones limpias, transparentes y creíbles, sino para llevar a buen puerto la transición democrática. La elección de vocales de solvencia ética y profesional, como Salvador Romero, María Angélica Ruiz y Óscar Hassenteufel, entre otros, es una garantía para ese objetivo y para la recuperación de la credibilidad institucional del Tribunal Electoral.



