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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 01 de enero de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Ahora, al empezar una nueva década, con espíritu y confianza renovada en el porvenir, corresponde crear las condiciones para una cruzada destinada a respaldar los esfuerzos para consolidar la legalidad, es decir, el Estado de Derecho y el respeto a la dignidad humana, tan frágiles en tiempos de dominio de los déspotas. En una sociedad madura es indispensable el predominio de la tolerancia en todos los ámbitos; tolerancia que se pierde cuando hay empeño en oprimir personas y capturar partidariamente las instituciones, lo que es signo del autoritarismo, y que, ante la determinación ciudadana de restaurar la legalidad, frecuentemente se llega a la violencia fratricida.
Es cierto que lograr respeto a los elementos de la democracia, tan largamente desconocidos, demandará grandes esfuerzos y, sobre todo, voluntad de cambio. Habrá que recoger lo que los países del nuestro hemisferio pactaron unánimemente en la notable Carta Democrática Interamericana: “…respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.
Si este es un tiempo de cambio y de sanas expectativas, también es el de cerrar un capítulo perverso. Claro está que no se trata de imponer un pensamiento único, sino de respetar las inevitables diferencias. Es, asimismo, la época de reconocer que la “democracia representativa se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional” (Carta Democrática Interamericana).
Las manifestaciones populares, los cabildos, la valentía de los jóvenes, marcaron el fin de una autocracia, creando las condiciones para que el país sea regido y administrado sin exclusiones y con la tolerancia que se espera de un régimen democrático, honesto y responsable. El tiempo es ahora, cuando se inicia un nuevo año, que debe ser el de la esperanza y de las realizaciones en un ámbito de libertad.
Con todo esto, permítaseme terminar diciendo “¿Evo de nuevo? …huevo carajo!!!



