Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 30 de diciembre de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El informe de la OEA señalaba que no es posible dar certeza de la integridad de los datos y que no se puede validar una victoria en primera vuelta, debido a que se hallaron varias irregularidades y vulneraciones.
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, hizo público el informe a las 5:35 del domingo, pero ya había entregado a Evo Morales un ejemplar un día antes. En la madrugada del domingo, Morales intentó, vía teléfono, que Almagro frene la publicación del reporte hasta que el Estado haga sus descargos y para evitar mayor tensión, pero el jefe de la OEA rechazó esta posibilidad.
Dos horas después de que se difundiera el informe, el presidente Morales, acompañado de dirigentes del Pacto de Unidad, llamó a una conferencia en el Hangar Presidencial de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) de El Alto, donde, acongojado, anunció que se convocaría a nuevas elecciones con “actores políticos nuevos” y que se renovaría a la totalidad de los vocales del cuestionado Tribunal Supremo Electoral (TSE).
La decisión del entonces mandatario no bajó la temperatura de las protestas, que, al contrario, se extendieron. Al motín policial, que había comenzado dos días antes, se sumó el pedido de renuncia que vino de sectores aliados, como el de la Central Obrera Boliviana (COB) y, para rematar, la declaración del Alto Mando de las Fuerzas Armadas (FFAA) liderado entonces por el general Williams Kalimán, que “sugirió” al hasta entonces mandatario que deje el cargo para pacificar el país.
Sin opciones, cercado por la Policía y los movimientos cívicos, sentenciado por la sugerencia de las FFAA y con un respaldo internacional resquebrajado, Morales dimitió a las 16:50 del domingo 10 de noviembre.
Días antes, Morales aseguraba a la prensa que no renunciaría, y uno de sus ministros, César Cocarico, de Desarrollo Rural, señaló que era imposible que ello ocurra. Pero la crisis poselectoral no sólo se llevó a Morales, sino que desató una seguidilla de renuncias de sus principales colaboradores en el Gabinete de ministros, senadores, diputados, gobernadores y alcaldes. La renuncia de Morales fue un dominó que arrastró a toda la alta cúpula del oficialismo.
Motín policial
La Policía había resguardado las principales ciudades y evitado algunos enfrentamientos, pero su labor era duramente cuestionada por sectores de la población, que denunciaban que la institución del orden se parcializaba con los grupos afines al MAS. Imágenes de efectivos llevando comida a los movilizados por órdenes del Gobierno o del comandante de Cochabamba, Raul Grandi, llamando a proteger y acompañar a los cocaleros del trópico de Cochabamba, quedaron en la retina de la gente y de los uniformados de medio y bajo rango.
En filas policiales, estos hechos no pasaron desapercibidos. A esto, se sumaron varias demandas insatisfechas que la institución del orden arrastra por varios años, como la nivelación salarial, mejores condiciones de trabajo y la tan ansiada jubilación al 100 por ciento, como sucede en las FFAA. El malestar comenzó a crecer.
El 8 de noviembre, la molestia explotó en Cochabamba, en pleno bastión del MAS. A las 16:30, un grupo de policías de la UTOP empezó a gritar “motín policial”, mientras otros cerraban las oficinas y los ingresos a esa unidad. Media hora después, salieron con banderas a los techos y colgaron un letrero que decía: “No al fraude”.
Afuera, decenas de personas que hacían vigilia festejaron y armaron grupos para custodiar la unidad policial. Luego se amotinaron otras unidades, como Tránsito, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) y las Estaciones Policiales Integrales del norte y del sur. El motín se extendió por toda la región y luego por todo el país.
La carta y la Biblia causaron polémica
El paro ciudadano que se inició tras las denuncias de fraude en los comicios del 20 de octubre llegó a su punto más crítico los primeros días de noviembre. Entre el 4 y el 8 de ese mes, se sucedieron en todo el país duros enfrentamientos entre sectores que respaldaban al entonces primer mandatario y movimientos cívicos que pedían anulación de comicios.
El 2 de noviembre, en un cabildo multitudinario en Santa Cruz, el en ese momento presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, dio un plazo de 48 horas para que Morales renuncie. El plazo venció el lunes 4 y, como era de esperarse, el mandatario no dejó el cargo, por lo que Camacho anunció que iría personalmente a La Paz a dejar una carta de renuncia para que Morales la firme. También prometió devolver la Biblia al Palacio.
La llegada del cruceño a El Alto fue una odisea. En el primer intento, la noche del 4 de noviembre, fue rodeado por personas afines al MAS, que tomaron el aeropuerto de esa ciudad en connivencia con funcionarios de la administración aeroportuaria.
El segundo intento, dos días después y con la garantía del entonces ministro de Gobierno, Carlos Romero, Camacho llegó al aeropuerto y pudo salir escoltado por la Policía y activistas. La Biblia y la carta entrarían a Palacio el 10 de noviembre, tras la renuncia de Morales.



