Medio: El Diario
Fecha de la publicación: domingo 29 de diciembre de 2019
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Sin embargo, una de las consecuencias de ese caudillismo al interior del Movimiento al Socialismo (MAS) fue que se produjera una especie de apropiación por parte de Evo Morales de toda decisión reservada a sus bases, que se esmera en proclamar que en su partido se practica una disciplina orgánica. Y de orgánico solo existía la memorística expresión, cuando en realidad había un verticalismo de unas cuantas personas de la cúpula secundando a una figura nítida. Por tanto, no hubo una renovación de cuadros.
Y quién diría: luego de todo lo acontecido, surge la figura de Eva Copa, militante de la que en su momento solo le valieron su procedencia alteña y de ex dirigente estudiantil de la UPEA. Nada más, ningún otro mérito; por tanto su condición de senadora, sin riesgo a equivocarme, ha debido pasar tan inadvertida para el entonces Presidente, como sobredimensionado el protagonismo de la también senadora Adriana Salvatierra.
Claro que la radicalidad de la mayoría de los parlamentarios, hoy opositores, fieles a la obsolescencia de un modelo que el pueblo mayoritariamente repele, insiste en encenegar al país. Estamos hablando de la concentración del poder en unas cuantas personas del entorno de Evo Morales, a quien han hecho ellas su dios; llegando a la idiotez de compararlo con Cristo.
Desde su renuncia, ratificada por un abandono del cargo y su salida furtiva del país, ha pasado mucho, no tanto en tiempo como en intensidad política. La renuncia precipitada de Adriana Salvatierra se puede considerar como el mayor error político del que paladinamente el MAS aún no se repone, pero la inmensa mayoría del pueblo la celebra. En medio del desconcierto de una bancada de abrumadora mayoría, y sin requerimiento de los senadores de las minorías parlamentarias, de entre el anonimato se erige el nombre de Eva Copa para presidir la Cámara Alta, constituyéndose en la segunda servidora de más alto rango del Estado.
De ahí en adelante, el desempeño de la parlamentaria sin que haya incurrido en una rebelión en el significado ceñido del término; huérfana del apoyo de su jefe, decide contribuir a la pacificación del país; sanciona la Ley para la anulación de las elecciones últimas, denuncia hostigamiento por parte de sus mismos correligionarios, y especialmente de Salvatierra, quien habría cometido conductas reñidas con la ética; proclama su condena a la corrupción en que el anterior gobierno ha incurrido. No es gratuito entonces, que Morales no haya siquiera mencionado a la nueva cabeza del Órgano Legislativo a pesar de tener en ella a su principal factor formal de poder. Luego pensar en que ella puede ser una opción de candidatura a uno de las dos cargos principales en las próximas elecciones, no pasa de ser una risueña candidez de algunos de sus seguidores.
La política requiere de análisis respecto a la actitud de sus actores porque somos agentes sociales; ello nos posibilita tener una visión correcta de su ubicación en el contexto general y en la historia. Eva Copa aún tiene varias semanas más al frente del Senado, de modo que evaluarla resolutivamente ahora, resultaría precoz. Ha conseguido cierto apoyo en filas de su propio partido, especialmente en la Cámara alta, pero con todos los desaciertos que en las últimas semanas el MAS ha cometido desde su jefatura y las barbaridades que durante su gobierno cometieron y se viene descubriendo, sumada la impronta de sus fricciones internas y que es inútil negarlas, es todavía un factor de poder gravitante en el escenario político, que no se puede subestimar.



