Medio: El Diario
Fecha de la publicación: viernes 20 de diciembre de 2019
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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La larga crisis política se agravó con el desconocimiento por parte del “masismo” del referéndum del 21 de febrero de 2016, que prohibió la reelección por cuarta vez de Evo Morales. Tal desconocimiento de la sagrada voluntad del Soberano, etc. colmaron el vaso de la paciencia popular. Peor aún, el resistido gobierno llamó, contra viento y marea, a elecciones y proclamó a sus candidatos fraudulentos, ilegales e ilegítimos. Más aún, cometió un enorme fraude electoral que produjo indignación general que derivó en una insurrección que derrocó al cocalero.
¿Cómo actuaron entonces ocho partidos políticos de oposición? ¿Cuál fue la táctica política que adoptaron, si tuvieron alguna?
En primer lugar, las capillas opositoras decidieron ir desunidos a las elecciones, lo que garantizó su derrota y hasta su muerte. Un suicidio. Para entonces, la montonera opositora tenía como táctica no tener táctica política alguna y su principio era no tener principios. Sólo pensaban en elecciones y el optimismo de que ¡las ganarían!
Eso es poco. La carencia de táctica política llegó más allá. En efecto, los opositores nada nuevo plantearon. No propusieron, ni imaginaron un levantamiento, una rebelión popular y menos una insurrección para expulsar “al nefasto gobierno” que criticaban. Tampoco imaginaron cuáles otras medidas debían aplicarse en caso del derrocamiento del gobierno (aunque no del régimen) por un movimiento triunfante, ni muchísimo menos. Hasta carecían de dirigentes que sirvan para el momento del cambio y menos tenían programa político que sustituya a los pedestres planes de gobierno. Para entonces, el pueblo había puesto en el orden del día la rebelión general, la que la convirtió en insurrección con el claro objetivo de expulsar al gobierno, decisión revolucionaria que no captaron ni comprendieron los “líderes” opositores y hasta la rechazaron de principio a fin del suceso.
Mientras el pueblo, en grandes masas, ganaba las calles en todas las ciudades y pueblos del país, y se movilizaba como un solo hombre, -con la vanguardia de las mujeres y la juventud ataviadas con la bandera tricolor-, y planteaba la formación de un gobierno provisional revolucionario que convoque de inmediato a una Asamblea Constituyente, los “grandes” partidos no vieron (mejor sería decir no quisieron ver) la importancia y las condiciones del momento, producto de la marcha objetiva del desarrollo social.
Así esos “ladrillos rotos” jamás se plantearon un levantamiento y menos una insurrección popular, pese a que estaban advertidos de lo que sucedía en las calles, se publicaba en los periódicos y mostraban el asunto desde meses atrás. Mucho menos se planteaba la clase de gobierno que produciría la insurrección victoriosa.
El pueblo exigía ardientemente las más amplias libertades y la sustitución del régimen autocrático por el democrático, pero los partidos dormían en sus laureles; tampoco consideraron que para conseguir la democracia era necesaria una asamblea de los representantes del pueblo formada con base en el voto universal, libre, secreto, etc. que exprese la voluntad popular, que, a la vez, tenga el poder y la fuerza para constituir, condiciones esenciales para que la Constituyente cumpla su misión. La incapacidad táctica de los partidos y sus asesores seguidistas y anarquistas no tomó en cuenta, ni muchísimo menos, esos aspectos.
En especial, nuestros sabios partidos no se plantearon la necesidad de un gobierno provisional que llame a elecciones para una Asamblea Constituyente que exigía la situación y, a la cola de la realidad, se limitaron a pedir elecciones generales que creían iban a ganar, aunque solo estaban prorrogando el régimen dictatorial en pactos implícitos.
Sin un gobierno que sea “instrumento” del levantamiento, los “partidos” no podían desear con sinceridad esa solución ni tener la voluntad necesaria para realizar la Constituyente. Así, los partidos “opositores” llegaban a arreglos anticipados con la autocracia y traicionaban anticipadamente la insurrección.
La incapacidad política de los partidos opositores llegó al extremo de no comprender el carácter del movimiento democrático que estaba a la vista, carácter que no se podía dejar de tomar en cuenta en ningún momento. Pero los inteligentes partidos opositores estaban en la luna.
Vino otro error. No saber cómo comportase con el nuevo gobierno producto de la insurrección, cuya instauración era inminente. No se consideró que el nuevo gobierno era el instrumento de la insurrección y que su objetivo era convocar a la Constituyente de todo el pueblo, destinada a realizar un programa democrático mínimo para garantizar los alcances de la insurrección.
Otro error. No consideraron qué actitud adoptarían frente al nuevo gobierno, producto de la insurrección. ¿Qué actitud tomaron los partidos ante el nuevo gobierno? ¡Solo Alá lo sabe! No dijeron esta boca es mía; siguieron con la actitud anarquista de negar la posibilidad de participar en el gobierno.
Sin embargo, este aspecto de la participación en el gobierno provisional solo fue visto, según algunas publicaciones, con anticipación por una agrupación política llamada Oposición de izquierda que, a tiempo de promover una insurrección, propuso un gobierno provisional revolucionario que convoque de inmediato a una Asamblea constituyente para que dicte una nueva Constitución. Admitió que era aceptable su participación en el gobierno provisional, según las condiciones, y aclaró que la táctica adecuada debía rechazar la idea de actuar solo desde fuera y que, en vista de que se trataba de una nueva etapa histórica, era admisible la idea de actuar desde dentro, con dos consideraciones: una participación formal y otra, aceptar esa participación sin descuidar los fines democráticos del levantamiento.
Hecha esa aclaración previó que, en caso de no participar en el gobierno provisional, se debía presionar al gobierno para plantear, conservar, consolidar y ampliar las conquistas señaladas por la insurrección. Mostró su táctica política tanto fuera como dentro del gobierno, problemas que otros partidos no propusieron, no consideraron.
Tal la conducta de los partidos políticos actuales en los sucesos de noviembre.



