Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 19 de noviembre de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El gigantesco fraude de las elecciones del
20 de octubre sería el tiro de gracia para terminar la agonía
democrática. El engaño no tuvo el éxito esperado. Al contrario, desató
la mayor manifestación popular que se ha visto en Bolivia, una lucha
para salvar la democracia. Con pititas y banderas se ha recuperado la
energía para comprobar el fraude y para despachar a los responsables por
esa agonía y del delito fracasado. En julio de 2018, el entonces presidente
reconoció por primera vez un error en su gestión. Después de más de 12
años de ignorar la situación de los servicios de salud, admitió que no
le habían avisado sobre la situación de la salud de los bolivianos. Su
atención estaba concentrada en los campos deportivos y canchitas de
fútbol a lo ancho y largo del territorio boliviano.
En agosto de 2018 anunció un programa de construcción de 49 hospitales y el Seguro Único de Salud (SUS), universal y gratuito en todo el territorio nacional. Oficialmente puesto en marcha en marzo de 2019, el programa improvisado y acéfalo nunca alcanzó a la población. Nada cambió.
Pocas semanas antes de las elecciones, cediendo a la presión de los pacientes con cáncer en huelga de hambre, se aprobó la Ley del Cáncer. Un proyecto político, meramente burocrático y elaborado sin la participación de los médicos, imposible de poner en práctica “en todo el territorio nacional”.
Probablemente ha sido olvidado en un pequeño ataúd por las autoridades en fuga precipitada. La ley ya nació muerta. Falsas promesas de momento para reanimar y conquistar enfermos ávidos de esperanzas.
La salud de la democracia ha tomado el corazón de los bolivianos, sanos y enfermos que han puesto el pecho ¿quién se cansa? ¡Nadie se cansa! ¡...huevo carajo! Esta pequeña canción ya es famosa en todo el mundo. Se ha logrado cristalizar el significado de esas pocas palabras. Recuperar la libertad y animar a la democracia. Falta mucho todavía para que nos devuelvan la paz y recuperar nuestra propia salud perdida por negligencia.
El tratamiento no ha terminado, pero la esperanza se ha agigantado. Estamos bajo un gobierno que tiene enormes desafíos. Ningún boliviano ni la comunidad internacional habían imaginado que luego de las elecciones tendríamos un gobierno improvisado, pero constitucional al fin, que se pone a prueba en uno de los momentos más críticos de nuestra historia. Se enfrenta a una nueva oposición delincuente, mentirosa, violenta y obsesionada por el poder. Una herida muy difícil de curar pero las cicatrices ya son parte de la historia.
No podría ser diferente ante el caos y las amenazas de “cercar las ciudades” . El actual gobierno de transición tiene prioridades para salvar la democracia, restablecer el orden público y la paz. Convocar elecciones legítimas y transparentes. Restablecer la salud del Estado y de la democracia no será una tarea sencilla. La salud parece olvidada en este conturbado escenario. El sistema de salud requiere un diagnóstico honesto del estado actual de infraestructura abandonada por el gobierno anterior. Identificar las necesidades para cada región y definir un presupuesto razonable. No es una tarea sencilla, analizar cientos de contratos de conveniencia cuyos actores han desaparecido del escenario.
Contratos acordados sin criterios técnicos adecuados y con cláusulas perdidas en millonarias inversiones sin propósito bien definido. Debemos rescatar el SUS bajo principios con capacidad técnica y profesional bien planificada. El Estado debe asumir la responsabilidad de la prevención del cáncer y de los pacientes afectados que no pueden sobrevivir económicamente ante esa catástrofe.
No es necesaria una ley específica, basta interpretar y aplicar los principios establecidos en la CPE. La salud es un derecho de todos los bolivianos y una obligación del Estado.
La salud necesita también terapia intensiva, pero deberá ser una tarea para el próximo gobierno. No podemos esperar soluciones a corto plazo. El actual gobierno de transición deberá hacer el diagnóstico de la precaria situación del sistema de salud mientras se recupera una democracia digna de quienes han luchado sin cansancio para restablecer la salud y decencia del Estado.



