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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: domingo 06 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Los analistas políticos consideran que la “guerra sucia” es un ardid que utilizan los políticos con la intención de descalificar al contrincante y verter acusaciones públicas.
En los comicios generales de 2014, un mes antes del día de las elecciones, la Asociación de Periodistas ya había confirmado el debate presidencial que se realizó sin la presencia de Evo Morales.
Los analistas Erika Brockmann, María Teresa Zegada y Fernando García Yapur dicen que la “guerra sucia” es utilizada como arma electoral ante la falta de propuestas, debate público y discusión de programas políticos.
La premisa de sembrar estrategias para cosechar votos incluye ahora ataques entre uno y otros candidatos presidenciales.
Los expertos concertaron que las campañas negativas y “guerra sucia” entre los postulantes pretende desprestigiar la candidatura del oponente para debilitar su imagen y restar votos.
“Hay ataques y contraataques, no existe debate programático e ideológico. Están predominando las cuestiones personales, y ahí hay un vacío de debate político”, apunta Zegada.
El politólogo Fernando García Yapur asegura que se vive el clímax de la campaña política en la que se despliegan todas las estrategias proselitistas, especialmente en las redes sociales que por ser más permisivas “es donde más se evidencia la ‘guerra sucia’”.
Para la analista Erika Brockmann existe la visibilización constante de la “guerra sucia”, acusaciones públicas, descalificación permanente del otro, y la trivialización de la política.
Brockmann considera que la “guerra sucia” no beneficia a nadie y, al contrario, incrementa las cifras de votantes indecisos, que son quienes no creen en las instituciones y los partidos políticos.
“Provoca rechazo a la política, incrementa el escepticismo, el desencanto y la confusión de los ciudadanos”, dice.
En la misma línea, García Yapur afirma que no es suficiente “sólo manchar la imagen del contrincante”, sino que los candidatos presidenciales deberían recurrir a estrategias discursivas que se enfoquen a mejorar las propuestas políticas y el debate.
En junio pasado, el Tribunal Supremo Electoral, por medio de sus vocales, anunció que se analizaba la posibilidad de un debate. Un mes después, el candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, desafió a debatir públicamente al actual presidente Evo Morales, luego los legisladores de oposición propusieron un proyecto de ley para obligar a debatir a los candidatos a la presidencia; pese a estas intenciones, el debate ha quedado en el olvido.
La última vez que todos los candidatos a la presidencia discutieron sus propuestas “cara a cara” fue durante la campaña de 2002, elecciones generales que fueron ganadas por Gonzalo Sánchez de Lozada. En diciembre de 2005, poco antes de la primera victoria de Morales en los comicios, se realizó un debate que no contó con su presencia.



