Los bolivianos tenemos que agradecer el valioso rol de los mediadores que fueron fundamentales para salir de la crisis política del país. La Unión Europea, la Organización de Naciones Unidas, la Iglesia católica y todos los que pusieron su esfuerzo para que este momento doloroso dé paso a otro de reconciliación que permitirá recuperar la democracia, el respeto y la libertad en Bolivia. Fueron momentos de alta tensión en las calles y en las mesas de negociación. Horas y horas de paciencia y de explorar posibilidades de reencuentro para que ayer fuera promulgada la ley que da luz verde a las elecciones, así como a la pacificación que, sin duda, se alcanzará muy pronto. Es probable que las miradas diferentes y la efervescencia de sentimientos no hubieran podido hallar puntos de encuentro sin la participación de estas organizaciones y personas que colaboraron tanto.
Comienza un nuevo tiempo para el país. No solo es el electoral que plantea nuevos escenarios, sino también la posibilidad de dejar a un lado el miedo al diferente, para empezar a reconocer que todos somos bolivianos. La crisis deja lecciones valiosas: que la ciudadanía sabe que puede hacerse escuchar, que ya no se puede ejercer el poder con dobleces e infamias, que es necesaria la autocrítica para reinventar la manera de hacer política. También sabe que hay que estar siempre vigilantes para demandar coherencia entre discurso y práctica. El momento más duro de la historia debe dar lugar a enseñanzas. Bolivia es valiente y resiliente. Ahora sabemos que esos valores están en cada uno de sus habitantes.



