Medio: Opinión
Fecha de la publicación: miércoles 13 de noviembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Almagro, cuya presencia en el Chapare boliviano durante el cierre de campaña electoral del Movimiento Al Socialismo (MAS) fue calificada por la oposición y movimientos cívicos como el aval para la anticonstitucional repostulación del binomio oficialista Evo Morales - Álvaro García durante las pasadas eleciones presidenciales, pateó el tablero, rompió al solemnidad de la sesión y causó asombro en el emblemático salón Simón Bolívar del añoso edificio de la OEA ubicado en el corazón de Washington DC.
Allí sesionaban los representantes de los estados miembros de la OEA y luego de una decena de discursos divididos a favor y en contra de la salida del expresidente Morales de la silla presidencial boliviana, Almagro matizó antes de esa contundente e inesperada afirmación. “Un golpe de estado es una forma de acceder al poder o ejercerlo de manera ilegítima”, dijo a manera de introducción para luego lanzar: “En ese marco, sí hubo golpe de estado el día 20 de octubre cuando se dio el fraude electoral que tenía como resultado la victoria del expresidente Evo Morales en primera vuelta”. De inmediato recorrió en esa sala un murmullo que aceleró las llamadas telefónicas y el golpe de teclas entre los periodistas internacionales.Pese a que la del martes 13 fue la tarde más fría desde que el verano dejó de sofocar la capital de los Estados Unidos (1 grado centígrado con sensaciones de menos 5 y viento congelado), en el interior de la sesión extraordinaria, donde no cabía un solo alfiler más, el termómetro comenzó a subir con cada punto que desarrollaba el Secretario General de la OEA sobre la crisis política y social que vivió Bolivia durante los días posteriores a la tan polémica elección. Entonces señaló que llegar al triunfo en primera vuelta “bajo la premisa del fraude”, era pretender “perpetuar a Morales en el poder de forma ilegítima e inconstitucional” en lo que calificó como una “irrespetuosa violación a la Carta Democrática Interamericana”.
Almagro, considerado por muchos opositores como el “amigo de Morales”, siguió lanzando los dardos desde la testera de la sala de sesiones del Consejo Permanente pese a que la silla de Alberto “Gringo” Gonzáles, representante de Bolivia, estaba ocupada por una sustituta que simplemente atinó a responder leyendo una carta de quien completa la habitual “dupla nacional” durante estas sesiones, el ExCanciller Diego Pary, en la que argumentaba “razones de seguridad” para justificar su notoria ausencia.
Fue entonces que Almagro, al no encontrar un destinatario próximo para su artillería, no solo reafirmó la responsabilidad de un fraude electoral sobre el Gobierno de Morales, sino que lanzó un misil de largo alcance y lo calificó como una forma de “autogolpe”, enviando un llamado de atención para las nuevas autoridades bolivianas. Recordó que no es algo nuevo en el mundo y dijo que “debe continuar la investigación de las responsabilidades de este autogolpe, hoy claramente marcadas hacia el Órgano Electoral”.
Pero el secretario general de la OEA fue por más, recriminó al partido del gobierno saliente y dejó un par de reflexiones para los bolivianos. “Quedarse en el poder arrebatándolo en una de las peores formas, robándose una elección, era robarle la soberanía al pueblo, a ese pueblo que le había dado más poder que a nadie en la historia de Bolivia… No se le puede pedir a un pueblo que se deje robar una elección, no se le puede pedir a un pueblo que se deje robar la soberanía”.
Finalmente interpeló a los representantes de los países miembros del Consejo Permanente de la OEA con una persistencia similar a la de la nieve que comenzaba a caer sobre algunos sectores del área metropolitana de Washington. “Quién de ustedes acá está a favor de los fraudes electorales; quién de ustedes acá está a favor de robar en las elecciones; quién de ustedes acá está a favor de esta forma de autogolpe”.
“La vergüenza no es de la OEA que descubrió el fraude electoral, es de aquellos que lo cometieron. La vergüenza no es de la OEA que hace un informe; es de aquellos que quisieron burlar el voto”, concluyó mientras caía la noche y poco antes de ofrecer apoyo para realizar “unas elecciones transparentes” en Bolivia.



