Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 10 de noviembre de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Acaso la más elemental de las transiciones sea la que va del monólogo al diálogo o, lo que es lo mismo, de las decisiones hegemónicas a las múltiples inclusiones. No podemos cerrar los ojos a una realidad en la que nuestra sociedad ya no se mueve en la monotonía de una sola voz sin oposiciones. Bolivia es ahora un estallido de voces múltiples que expresan sus sentidos de democracia. Estamos obligados a escucharnos, debatir, reconocernos y concertar. No podremos vivir ignorándonos, ya no es posible, somos un país de alteridades irresueltas que necesita fugas hacia adelante con señales de disposición al diálogo, porque ya no queda otra forma posible de construirnos con legitimidad.
Otra transición va de la sensación de fraude a la recuperación de confianza, a sabiendas que lo que ha motivado la movilización ciudadana en las calles, es la defensa del voto y de la democracia por las señales sucesivas y acumulativas de fraude en todo el proceso. En este momento, informes como los de Ethical Hacking, auditora contratada por el propio Tribunal Electoral, dejan en evidencia lo que parecía sospecha, al punto que el mayor desafío para la auditoría de la OEA podría consistir en demostrar con pruebas la inexistencia de vicios de nulidad. Si no, los caminos ineludibles serían o la realización de una segunda vuelta que ha perdido consenso ciudadano, o la convocatoria a nuevas elecciones con un órgano electoral remozado, que lo demandan diversos sectores.
La transición de fondo, que se empuja con voluntad política, tiene que enrumbar destinos pasando del camino catastrófico que provoca muertes, hacia el camino del encuentro con rupturas. Como suena raro hablar de entendimiento en un ambiente en el que el criterio de lo cierto es exacerbar el conflicto, desarrollemos una transición en ambiente de confrontación, promoviendo el paso de la guerra blanda a una guerra de alta intensidad, para librar las batallas armados hasta los dientes con banderas de fraternidad, en una lucha sin cuartel contra la insensatez del uso de la fuerza y contra la intolerancia étnica y regional, antes que sean ellas las que nos naturalicen en un sistema deshumanizante.



