A nadie se le hubiera ocurrido que después de las elecciones del recién pasado 20 de octubre, en menos de un mes y solo con una carta y una Biblia en la mano, un líder cruceño levantara a la ciudadanía boliviana para hacer que el primer mandatario renuncie a su cargo, afirmando que era imprescindible convocar a nuevas elecciones, porque las anteriores estaban viciadas por el fraude.
Ciertamente logró su objetivo porque a esa cruzada se sumó la ciudadanía con una disciplina y entusiasmo seguramente nunca vistos en Bolivia. Así, la Biblia volvió a Palacio y el crucifijo ocupó el lugar que le quitó el puño durante casi 14 años.
Aunque el nuevo Gobierno tiene que consolidarse aún y existen todavía algunos problemas por la resistencia de ciertos sectores, hay algunos hechos irreversibles como por ejemplo la sustitución de autoridades municipales de Sucre. Consecuencia de lo ocurrido, es el nombramiento de una nueva alcaldesa que completará el período del anterior alcalde, que renunció casi inmediatamente después de la anunciada por el ahora exmandatario.
Primero el año 2012 y después el 2015, desde esta misma columna, se pasaron cartas similares a esta, cuando se iniciaban las gestiones de los anteriores alcaldes, épocas en las que no hubo ningún acontecimiento ni siquiera parecido al que caracteriza el actual.
En ambas oportunidades, se hicieron recomendaciones en notas tituladas: “cartas al nuevo alcalde”, las que lamentablemente no fueron tomadas en cuenta, sencillamente porque siempre primaron los intereses políticos antes que los regionales, a pesar de las ofertas de los candidatos en la época pre electoral.
Esta vez, a pesar de que la nueva alcaldesa ha sido posesionada solo para completar el período que falta a la presente gestión, podrá por lo menos dejar una estrategia y un listado de proyectos como el compendio preparado por el Comité Custodio del Patrimonio de la ciudad, con miras a las celebraciones del Bicentenario de la Fundación de la República.
Recibe una ciudad con un centro histórico patrimonial en pésimo estado, calzadas llenas de huecos, aceras destruidas e insuficientes, ocupación anárquica de espacios públicos, fuentes de agua sin agua, tráfico caótico, maraña de cables que afean nuestras fachadas, muchas pintadas de colores no autorizados, deficiente recojo de basura, todo lo que contrasta con la tradición de ciudad blanca y limpia que tiene Sucre.
Si se sustituye la soberbia por la sencillez, si se discursea menos y se trabaja más, si se reducen los gastos de propaganda y de las fotografías de promoción personal, si se viaja menos y si se sustituyen los títulos rimbombantes, dando paso al trabajo efectivo con personal idóneo, y por tanto técnico y calificado escogido por su profesionalismo, en lugar de su filiación partidaria, mucho se puede hacer aún en cortos períodos de tiempo.
Sucre, la capital boliviana, debe recuperar su condición de tal y para eso se necesita capacidad y eficiencia, tan ausentes en los anteriores períodos de gestión municipal.
Felicidades Alcaldesa, haga lo que pueda en este corto tiempo, inspirada por el patriotismo de Huáscar que nos dejó un legado digno de ser tomado en cuenta.



