¿Por qué el Estado observa los enfrentamientos y no actúa para controlar el conflicto?
El miércoles hubo violencia extrema y dolorosa en el norte del departamento. Dos personas fueron asesinadas, hay decenas de heridos e incuantificables daños materiales en el norte cruceño, en la zona del Plan 3.000 y también en Cochabamba.
Nada justifica que bolivianos se maten entre ellos; no es tolerable que se utilicen armas de fuego contra otros porque piensan diferente.
Hay responsabilidades que se asumen por acción y por omisión. Que la Policía no intervenga para prevenir esos hechos es totalmente censurable y queda registrado en la historia.
Que los ministros reaccionen solo para culpar a los adversarios circunstanciales no solo es intolerable, también es condenable.
El valor de la vida debe prevalecer ante cualquier otra consideración. Y las autoridades (sean del partido que sean) deben asumir que su primer deber es precautelar la unidad y la seguridad del pueblo al que gobiernan.
Comienza el décimo día de paro. Las lágrimas ya salen con facilidad de los ojos que esperan soluciones en las rotondas donde hay concentraciones.
El cansancio es evidente, pero también lo es la fuerza de quienes están dispuestos a seguir en pie de lucha. Son muchas voluntades y necesitan liderazgos que den la talla. Por eso las determinaciones que se asumen deben ser responsables con un pueblo que está sacrificándose.



