Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 30 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido

Cómo confiar en un régimen que ha cometido todas las tropelías posibles para mantenerse en el poder. Las trampas vienen desde mucho antes del 21 de febrero de 2016, pero justo ese día, en el que la mayoría de los bolivianos le dijeron “No” al presidente Morales,comenzó a perpetrarse un fraude del que sólo estamos viviendo las consecuencias más duras, con perspectivas a que se agraven aún más si es que el Gobierno persiste en su intención de consolidar la usurpación.
A partir de lo ocurrido el 20 de octubre, el oficialismo ha perdido por completo la vergüenza y ha desnudado todo su ser como fenómeno político del que conocía mucho, por la corrupción, la agresividad, el abuso y el atropello a las leyes y que ha llegado al extremo de estimular una guerra fratricida que ha dejado perpleja a la comunidad internacional, a los medios y diversos actores que en el pasado apoyaron al “proceso de cambio”, cuya misión era precisamente profundizar la democracia y traer a Bolivia el encuentro entre los
diversos sectores que componen este país tan fragmentado.
Hoy el Gobierno espera que los bolivianos confíen en proceso de auditoría impulsada por la Organización de Estados Americanos (OEA), entidad que fijó una posición firme el día después de las elecciones, pero que en el futuro puede cambiar, como ha sucedido en el pasado, desnudando no sólo falta de transparencia, sino carencia de compromiso con la democracia boliviana.
Aun si la OEA, que ha solicitado que los resultados de la auditoría que propone sean vinculantes, actuara con responsabilidad y profesionalismo, lo que implicaría demostrar el gigantesco fraude del que todos hemos sido testigos, quién puede garantizar que Evo Morales acepte la realidad y que decida actuar en consecuencia, es decir, irse a su casa tranquilo. Han sucedido demasiadas cosas y lamentablemente la candidez de la gente se ha esfumado, porque además la culpa de que Venezuela sea lo que es hoy en la actualidad, es de todos aquellos que pasaron por alto graves acontecimiento como el que está ocurriendo en Bolivia. Para colmo, hoy en día, la dictadura ha sido beneficiada por la ONU nada menos que con un puesto en el Consejo de Derechos Humanos del organismo.
Si el Gobierno de Evo Morales quisiera la pacificación del país, debería hacer esfuerzos por dar un mínimo de confianza a la gente.
Después de varios días de soberbia y de un derroche de prepotencia y beligerancia, algunos voceros del régimen tratan de portarse conciliadores. Pero eso no convence. Hace falta que el presidente, por una sola vez, haga un gesto de grandeza que lo ayude a recuperar un puesto en la historia. Los líderes de las protestas han solicitado la anulación de las elecciones del 20 de octubre. Tal vez sea la única salida –por ahora-, que ayude a salir de la crisis. Más tarde, la única solución puede ser otra.



