Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 25 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El presidente Morales habla como si todavía estuviera en campaña electoral, como si la gente no hubiera ido a votar el domingo. Habla de las bondades de su gobierno, de sus logros y de la necesidad de continuidad del “proceso de cambio”, como dando por descontado que se tiene que quedar para siempre en el poder, como siempre lo ha repetido en todas las tarimas.
En ningún momento el jefe de estado considera que su actual mandato es ilegal y que él ya fue inhabilitado para ser candidato en las elecciones del 20 de octubre, no solo por la Constitución, sino por el mandato expreso del pueblo que se pronunció en las urnas el 21 de febrero de 2016.
Tampoco acepta las reglas del juego. No tiene en cuenta que en Bolivia existe la segunda vuelta, establecida en la Constitución justamente para darle mayor gobernabilidad al país, para que sea la población la que ratifique su decisión en las urnas, un elemento que obviamente el presidente niega otra vez y se declara él mismo ganador, como lo hizo antes de las elecciones y como lo mencionó el domingo, a poco de concluida la votación y minutos antes de que (“sorpresivamente”) se interrumpa el conteo de votos para dar paso a fraude que pretende oficializar su victoria en primera instancia.
El primer mandatario habla por enésima vez de intento de golpe de estado contra su gobierno, hecho que jamás ha podido comprobar. Así ha procedido cada vez que la gente le reclama y le cuestiona su legitimidad que ha perdido por completo. Hoy denuncia golpe al sentir la fuerza de la ciudadanía en las urnas y la ira de la población que no está dispuesta a que le roben nuevamente el voto y con este arrebato se sepulte para siempre la democracia.
El presidente ya sintió el golpe del voto que le ha quitado los dos tercios del Congreso, que ha aniquilado su hegemonía y que amenaza con desmontar el régimen que ha construido en estos 14 años de desinstitucionalización y de cooptación de los poderes republicanos que deben restablecerse si lo que se quiere es evitar una eclosión social como la que está en puertas, que justamente es el resultado de haber arrodillado a Tribunal Supremo Electoral, articulador de la impostura que se busca consolidar.
Evo Morales habla con aparente seguridad pero su tono y sus gestos faciales lo delatan. Amenaza a las multitudes que defienden el voto y lo hace a nombre de la democracia. Tiene la confianza depositada en las fuerzas represivas del Estado y de hecho se muestra al lado de los altos jefes militares en primera fila en su primer acto público luego de los comicios. También invoca la fuerza de los movimientos sociales con los que cuenta en las calles para enfrentarse a los que luchan por evitar una dictadura. Eso ya se vio ayer en el Plan Tres Mil y la noche del martes en el incendio del Tribunal Departamental Electoral de Santa Cruz.
Con esa actitud que lo delata, el presidente sabe que la única manera de mantenerse en el poder es a través de la represión y la violencia, exactamente como hace su colega y dictador Nicolás Maduro en Venezuela.
Con las amenazas que hace, el presidente sabe que la única manera de mantenerse en el poder es a través de la represión y la violencia, exactamente como hace su colega y dictador Nicolás Maduro en Venezuela.



