
Fue de menos a más. Al inicio de la primera jornada del paro cívico indefinido los negocios se abrieron y los micros circularon con regularidad; sin embargo, después de las 8:00 y a iniciativa de los vecinos, las medidas de protesta comenzaron a acentuarse en la ciudad, especialmente en el centro.
Las unidades educativas y facultades no abrieron sus puertas, así como las instituciones públicas que funcionan en el casco histórico, allí pocos negocios atendieron y en algunos casos lo hicieron de forma parcial y colocaron banderas en señal de su apoyo al paro.
Los puntos de bloqueo se armaron temprano en algunas zonas alejadas: los vecinos cerraron el paso con llantas y otros materiales; en la avenida Hernando Siles dos enormes banderas bolivianas se colocaron de extremo a extremo, y en la plaza 25 de Mayo las cuatro esquinas amanecieron con barricadas.
Cuando los rayos del sol asomaban por la plaza central, algunas señoras llevaron el desayuno a los jóvenes que permanecieron en vigilia durante la noche y llamaron a otros ciudadanos a hacer lo mismo.
Troncos, botellas, sillas de plástico, turriles, cajas, juguetes, alambres y sobre todo piedras se utilizaron para bloquear las calles, los conductores de vehículos públicos y particulares no pusieron resistencia y se retiraron o evitaron transitar. Otros usaron sus motorizados para bloquear.



