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Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 23 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Después de la denominada fiesta democrática, llueven análisis, datos a boca de urna, profecías acerca de posibles alianzas, proyectadas conformaciones de bancada oficialista u opositora, en fin, se trata de la etapa post electoral, donde la única y verdadera encuesta se manifiesta como una verdad ineluctable: se irá a una segunda vuelta con un ajustado porcentaje de diferencia, pero la pregunta es ¿somos un pueblo consciente de lo que eso significa?
Como si de una parranda se tratara, la resaca conlleva las consecuencias de una incultura política y el clamor de una posición acusadora se cierne sobre el inmediato futuro de nuestro país; será la consigna de sacar al cuestionado presidente en gestión de funciones y empoderar la apuesta por el proyecto alternativo que ofrece mucho, pero explica muy poco el cómo será eso posible. De este modo, uno de los primeros dolores de cabeza es leer mal los resultados de este 20-O, es decir, afirmar, por ejemplo, como dice Susana Seleme, que Santa Cruz no está representada solamente porque no entraron a la Asamblea Legislativa Plurinacional, los senadores postulados por BDN, es tan erróneo como tendencioso, ya que no se trata de siglas sino de personas que apuestan por una fuerza política u otra, pero que representan a su departamento desde su visión y perspectiva. Asimismo, una factura muy alta de pagar, es aquella que se circunscribe al manejo de la campaña misma, donde se desperdiciaron recursos económicos y humanos en proponer una muy tradicional forma de llegar al electorado, frente a los disruptivos memes y provocadoras frases de un presidenciable como Chi Hyun Chung, nos dice mucho de la falta que hacen buenas estrategias de marketing y comunicación política, antes que la mera improvisación.
La resaca suele ser combatida con algún analgésico o abundante agua; en muchos casos, los bebedores consuetudinarios incrementan la ingesta de bebidas espirituosas para seguir el tono del licor, del mismo modo, la fuerza de un proceso electoral que no termina, nos obligará a buscar auxilio en otras temáticas, pues nos hallaremos saturados de propaganda, pero ausente de ideas. Por otro lado, el exitista mensaje del presidente Evo Morales, aludiendo a la consciencia del pueblo boliviano enmarca una vez más la fibra populista que lo distingue, no como algo negativo, sino como algo insuficiente, pues no basta con ser caudillo, sino construir proyectos políticos que desarrollen sociedades, no que las hagan crecer en torno a indicadores macroeconómicos o discursos palaciegos. Por último, recordar el famoso voto de las provincias como el recurso esperanzador para distinguir una virtual victoria directa, parece un guiño al temido fraude. No lo dijo el presidente, pero ¿estará pensando lo mismo en torno al voto en el exterior del país?
A la par, no son los resultados los sorprendentes, al menos en torno al primer y segundo lugar, sino más bien en torno al tercer lugar: el outsider Chi Hyun Chung logró encaramarse en el podio y sin mucho desparpajo, ello implica analizar la racionalidad de nuestro electorado y la fuerza de la convicción en un proceso que concentra en demasía el factor de decisión en un solo evento electoral: elegimos presidente, vicepresidente, senadores, diputados plurinominales, especiales y supranacionales en un solo evento, invisibilizando la importancia del Órgano Legislativo en una democracia. Ese será el reto de beber demasiada democracia sin la apropiada dosis de cultura, que será la deuda histórica del Estado con su pueblo, pero también del ciudadano con su propio destino. Hay un capítulo más dentro de esta prolongada fiesta democrática y tiene que ver con la Bolivia que se viene, la de las coaliciones que afirmen la mentada gobernabilidad o la del miedo que sobrevenga en torno a la incierta crisis anunciada por el déficit fiscal. Lo que sí es evidente es que no se empieza de cero, la segunda vuelta será navideña y nada raro que se juegue con ese espíritu para endulzar al ciudadano votante para conquistar el poder.



