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Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 23 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Hay quienes aseguran que el fraude que intenta perpetrar el régimen de Evo Morales es el más anunciado y planificado de la historia, pues comenzó a ejecutarse el 21 de febrero de 2016, cuando el presidente se dio cuenta que el amor del pueblo boliviano se había acabado. Aquella vez dijo que su intención era medir el cariño de la gente y la mayoría le dijo “No”, respuesta que se ha repetido este 20 de octubre y que no quiere escuchar por tercera vez, el 15 de diciembre en una segunda vuelta electoral.
En realidad este escandaloso fraude viene empaquetado. En parte tiene condimentos de viejas recetas que se han aplicado en múltiples ocasiones en todas partes, como el hecho de inventarse una falla técnica que impida seguir con el conteo de votos. La última vez que ocurrió en nuestro país fue el 7 de mayo de 1989, cuando la “banda de los cuatro” de la Corte Electoral mandó a la gente a dormir con unos resultados y los despertó al día siguiente con unas cifras muy distintas.
El resto de las mañas son muy arcaicas y las aplicaban los partidos cuando Bolivia era un país lleno de analfabetos, desinformados y cándidos ciudadanos que se dejaban comprar por un par de botellas de aguardiente. Pese a ello la gente protestaba y para eso siempre ha estado el ejército, inepto guardián de nuestras fronteras, pero muy eficiente a la hora de proteger a las élites corruptas que han controlado este país a lo largo de su historia.
Justamente ahí radica la novedad en el fraude que viene aplicando el Gobierno del MAS, dotado de un andamiaje político, jurídico, técnico, mediático y por supuesto, militar, en el que han depositado toda su confianza para darle continuidad a una impostura que perdió la legalidad hace mucho tiempo.
El paquete del que hablábamos forma parte del “vademécum” castro-chavista que viene aplicándose hace más de medio siglo en Cuba y que se ejecuta en Venezuela desde 2013, año en el que asumió Nicolás Maduro gracias a un escandaloso fraude electoral que ocasionó el desmadre que vive hasta hoy ese país.
No se trata solo de desconocer la voluntad popular y de usurpar las funciones públicas, sino de poner en marcha un amplio operativo de represión que incluye el encarcelamiento de los opositores, la proscripción de connotadas figuras políticas, el cierre del Congreso, la creación de un ente paralelo afín a la dictadura y la liquidación total de las fuerzas sociales a través del hambre, la violencia y la escasez.
El candidato Carlos Mesa ya fue amenazado y él mismo admite que podría correr la misma suerte del venezolano Leopoldo López, quien fue acusado de incitar a la violencia. Con estos hechos, el MAS está demostrando que seguimos el mismo camino de Venezuela. De los millones de bolivianos que se han movilizado en las últimas semanas y que están el afronte para defender la democracia, depende de que ocurra todo lo contrario.
Con este fraude el MAS está demostrando que seguimos el mismo camino de Venezuela. De los millones de bolivianos que se han movilizado en las últimas semanas y que están el afronte para defender la democracia, depende de que ocurra todo lo contrario.



