A primera vista, parecería que el Gobierno ha cometido dos gruesos errores en solo dos días: llevar a cabo su cierre de campaña en Potosí, en plena huelga general indefinida, y dilatar la solución al conflicto cívico cuando podía resolverlo, teniendo a sus dirigentes al frente. Ahí habría que agregar la torpe actitud de los policías que interrumpieron al presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) cuando este hacía declaraciones a los medios en la plaza Murillo.
Parecen errores y, si se suma a esto las torpezas cometidas en 2010 y 2015, cuando se negó a dialogar y, por tanto, provocó la extensión de las huelgas hasta 19 y 27 días, respectivamente, cualquier podría llegar a la conclusión de que el Gobierno no ha aprendido su lección y, por tanto, se encamina a una catástrofe electoral en la circunscripción 33 y parte de la 34, en lo que corresponde a la ciudad de Potosí.
¿Es posible tanta torpeza política? Tomando en cuenta que el Movimiento Al Socialismo (MAS) fue lo suficientemente hábil —políticamente hablando— para llegar a gobernar 14 años ininterrumpidos, hay suficientes razones para creer que no. Más aún… parece que actúa adrede.
Estamos hablando de posibilidades, especulaciones sobre lo que podría suceder, aunque basados en ciertos hechos, así que, en este análisis, no se puede hablar de pruebas.
Con esa aclaración, veamos hechos que son irrefutables:
El primero es la proximidad de las elecciones nacionales. Nos encontramos a cinco días justos de los comicios y eso apareja el cumplimiento de actividades previstas en el calendario electoral y circunstancias emergentes de estas. Una de ellas es el denominado “silencio electoral” y otra las restricciones que regirán a partir de las cero horas del viernes. Todos estos son hechos que no necesitan probarse.
El segundo es la huelga potosina con todas las circunstancias que se le pueden sumar a la hora de su análisis. Aquí podemos incluir el comportamiento del gobierno que, como se ha dicho, ha venido equivocándose a la vista de todos desde el sábado al presente. Programó un cierre de campaña que fue interpretado como provocación y decide que responderá el pedido de Comcipo —abrogar el decreto 3738 que es el que posibilita la asociación con una firma alemana para explotar las salmueras del Salar de Uyuni— recién el miércoles, o quizás el jueves. Esos también son hechos.
Un tercer hecho es la convocatoria a un cabildo por parte de Comcipo. Este ya ha sido llamado para hoy y eso también es un hecho. Lo que se decida en ese escenario es algo que no se puede prever. Los cívicos han dicho que hablará sobre el federalismo y el litio y la controversia está en este último. Si prima la indignación y el resentimiento contra el gobierno, lo más probable es que el cabildo decida la continuidad de la huelga general indefinida y ahí es donde apuntamos.
El gobierno ha dicho, sospechosamente, que responderá hasta el miércoles o quizás el jueves, justo cuando comience a regir el “silencio electoral”. Según el artículo 110 de la Ley del Régimen Electoral, la propaganda electoral debe cesar 72 horas antes del día de las elecciones y esta incluye la solicitud del voto mediante mensajes en actos públicos. De mantenerse la huelga, será muy difícil evitar que a partir del jueves haya consignas a votar en contra de Evo Morales y, 72 horas antes de los comicios, eso será una infracción electoral.
Pero el verdadero riesgo está en las prohibiciones electorales, que comienzan a regir 48 horas antes de la votación, pues estas incluyen reuniones y otro tipo de manifestaciones. Una autoridad del Tribunal Supremo Electoral (TSE) ya advirtió que, en el marco de las restricciones, toda protesta puede ser desmontada por la Policía y eso podría provocar desmanes.
Si hay disturbios, el TSE puede suspender las elecciones durante 15 días, solo en la ciudad de Potosí, o en sus dos circunscripciones, y eso significaría poner en suspenso una votación que se anticipa mayoritaria contra el MAS. Con el voto rural, ese partido ganaría las elecciones en el Departamento por abrumadora mayoría.
Si la actuación del gobierno va por ese lado, ya no parece tanta torpeza sino, por el contrario, lógica política.



