Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 13 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Es curioso, el más prolífico intelectual de derecha, desde mi punto de vista, H. C. F. Mansilla, tenía la lectura más atinada al respecto, sin embargo, fue totalmente dejada de lado por los asesores de campaña de la oposición.
El crítico intelectual había advertido que la sociedad boliviana es altamente conservadora. Tenía razón, acostumbrada al autoritarismo, no sorprende que haya soportado el caudillismo militar por 55 años, el caudillismo conservador y liberal por más de 40 años, el autoritarismo oligárquico por 32 años, el autoritarismo del nacionalismo revolucionario por 12 años y un periodo de dictaduras militares por casi 20 años.
Aún más, como bien ha sugerido la politóloga de oposición Jimena Costa, otra voz ignorada en el diagnóstico, “la cultura política boliviana es altamente tolerante a la corrupción, al grado de demandarla, cuando, también, puede sacar alguna ventaja”.
¿Por qué creen que temas como el autoritarismo y la corrupción no logran generar empatía en la mayoría del electorado boliviano?
En los marcos de la cultura política boliviana, gran parte de la sociedad no apuesta por el cuidado del medioambiente; lamentablemente, es lógico que así sea, pues, de su inmisericorde explotación ha vivido desde el momento de su fundación.
Por eso, dentro de sus valores culturales, los llamados a cuidar a la madre tierra son simples expresiones retóricas que no tienen un asidero práctico, por mucha bulla que se haga desde los reducidos círculos medioambientalistas.
¿Por qué creen que la quema de la Chiquitania no tiene el impacto suficiente para ser utilizado como eje de campaña antigubernamental?
Del otro lado, el lado del Movimiento al Socialismo (MAS), el no menos sensato pero sí el más pragmático, ha preferido hurguetear los viejos prejuicios conservadores de las mayorías populares para construir así una campaña fundada en miedos e incertidumbres. ¡Efectiva campaña!, pues se funda en las creencias y prejuicios de las mayorías.
Así, el MAS ha optado por construir una campaña en torno a los clivajes: nación-antinación (imperio), pueblo-derecha (oligarquía) y estabilidad-inestabilidad. Ah, y por supuesto, el viejo anhelo boliviano de ¡modernización a como dé lugar!
En ese esquema, como sugiere el profesor norteamericano de ciencia política Murray Edelman, se pueden crear escenarios de apoyo electoral con facilidad, pues, climas de incertidumbre y certeza, de angustia y felicidad son suficientes para que el estratega cree la formula, la alternativa y la solución.
De esa manera, al mejor estilo de las estrategias de campaña norteamericanas, donde el peso de las ideologías y las utopías son insignificantes, el MAS ha creado un escenario de campaña en correspondencia con lo que la cultura política boliviana exige.
Así, en un marco de viejos prejuicios y creencias, donde la mayoría boliviana, tristemente, aún calza, el MAS encontró el asiento ideal para su candidato: éste, todavía, evoca al caudillo-mesiánico: fuerte (autoritario) y “homérico” (salvador) sin el cual los bolivianos se irían al abismo y caerían en manos de la “antinación”. Por eso, a éste caudillo se le tolera todo: su verticalidad y su falta de transparencia, pues, es el héroe del pueblo.
¿Ganará el MAS en este escenario? Es muy posible, de hecho, la mayoría de los analistas de campaña, como Manuel Suárez, así lo creen. Lo preocupante es que lo hará con licencia de gran parte de los bolivianos, lo hará porqué aún nuestra sociedad está a gusto con la cultura política que tiene.
En otro espacio escribí que de esto es también responsable, en gran medida, la oposición política, pues ha jugado en los términos que el MAS ha marcado. Los candidatos principales de la oposición ajustan muy bien con los viejos prejuicios y creencias de la mayoría popular boliviana: Carlos Mesa y Óscar Ortiz representan muy bien al pasado neoliberal (“la derecha”) y el círculo de asesores y candidatos de sus frentes a la vieja Bolivia “oligárquica”. De ellos son muy poco creíbles sus eslóganes “ya es demasiado” y “tengo las manos limpias”. Los principales candidatos de oposición son fácilmente encasillables en los viejos prejuicios y creencias populares que tienen como tormento a la “terrible derecha”.
En más de una década, la oposición política boliviana debió renovarse y no lo hizo, tal vez no la dejaron, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, por efecto de esa falta de tino, hoy tenemos un gobierno que tiene todas las posibilidades de ganar.
¿Y ahora? Lo que queda es apostar por la renovación política, imaginar un próximo escenario político en el que se trabaje para transformar la cultura política boliviana de la mano de nuevos actores y nuevas ideas. Nuevas ideas, que, en la pugna política, prioricen los intereses y las demandas: reales, concretas, urgentes y necesarias de los bolivianos. ¡Futuras élites políticas, apareced y renovad la política, no hay nada que perder, sólo las elecciones!



