Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: miércoles 09 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Bolivia para bien o para mal se ha transformado durante los últimos años, este veinte de octubre habrá una Elección General y será el Pueblo el sujeto político que con su voto optará por la continuidad o por el cambio, ese es un derecho y una obligación, pero ante todo se constituye en uno de los puntales de la Democracia. Sin embargo todavía es muy difícil que importantes sectores de la sociedad se incorporen a una verdadera cultura democrática, asumiendo un estilo de vida donde la libertad está amparada por la ley y en la que los ciudadanos participan de las decisiones y canalizan sus ideas respetando las reglas de la convivencia política. Todos los modelos autoritarios se caracterizan precisamente por negar derechos a quienes piensan diferente y por acusarlos de los males sociales, en esa perspectiva no existen los tonos grises, el mundo tiene muros, los contrincantes son enemigos y las elecciones solo son admisibles si es que los resultados terminan siendo favorables. Siguiendo esa lógica, la ejecutiva de la “Confederación de Mujeres Bartolina Sisa” Secundina Flores, señaló que no permitirán sus correligionarias que los «federalistas» y los «racistas» vuelvan al poder y que para cumplir ese objetivo tienen como herramientas la lucha armada, la lucha en las calles y en las carreteras e inclusive atribuyéndose la representación de los indígenas y los campesinos, afirmó que defenderán en ese contexto la unidad del País frente a quienes tildó de divisionistas y discriminadores. Tales declaraciones no sorprenden en demasía, porque ese también ha sido el tono usado por algunos políticos durante estos años, nos están diciendo que sí las elecciones no son favorables para los deseos e intereses de las Bartolinas, que tienen dentro de sus opciones la lucha armada y mientras vierte tal amenaza curiosamente acusa de divisionistas a sus rivales políticos. Quizás por actitudes e ideas como esas, vivimos en un País donde los candidatos rehúyen a los debates y se sienten tan incomodos cuando los periodistas o los electores les hacen preguntas, se obvia muy seguido que la unidad no quiere decir uniformidad, la unidad no implica tolerar las imposiciones, tampoco la verdadera unidad puede invocarse fuera del marco de las leyes, por eso preocupa que vivamos en una Sociedad tan tolerante con los exabruptos, también inquieta que las autoridades electorales y la clase política guarden silencio ante esa clase de declaraciones y no pidan una retractación y alguna explicación, para una intimidación absurda e injustificable, que se produce a pocos días del verificativo electoral. El País que muchos ansían indudablemente es democrático, es innegable que el ciudadano común solo espera desarrollar sus actividades y ejercer sus derechos libremente, en un marco de tranquilidad y de respeto recíproco. En pleno siglo XXI deberían las amenazas políticas ser parte del pasado y sería positivo tener una clase sindical y una clase política que respeten sus roles y que en el ámbito público actúen de forma considerada y responsable. La realidad sin embargo es otra y convendría que fuera deseable para todos que esa forma binaria, mezquina y violenta de ver al mundo, con el tiempo quede atrás, pues todo es un poco más complejo y diverso, eso lo hace fascinante, solo comprendiendo aquello se construye futuro, aunque no vale la pena dar mayor relevancia a esas afirmaciones, tenerlas presentes nos sirve para entender que el camino es arduo, en la búsqueda de un país tolerante, incluyente, diverso y democrático.



