Sin hablar del fondo de la propuesta cruceña —la federalización, que amerita análisis aparte—, hay un detalle admirable de las decisiones asumidas por el cabildo del viernes: la inteligencia política.
Y es que, si de política hablamos, hay que admitir que el cabildo ha demostrado un claro rechazo a la violación constitucional que representa la postulación del binomio oficialista. Morales y García se han postulado pasando por alto la limitación constitucional del artículo 168 y usando como burdo pretexto el derecho humano a la elección, que no debe confundirse con el derecho a la reelección. Y no solo se han valido de un argumento antijurídico sino que, para hacerlo, utilizaron tanto al Órgano Judicial, representado en el Tribunal Constitucional, como al Tribunal Supremo Electoral (TSE). Contra esto, como contra los incendios, se manifestó la gente en Santa Cruz.
Entonces, el cabildo cruceño fue contra el actual gobierno y sus determinaciones están contra él. Han iniciado una lucha contra Evo Morales, contra el MAS, contra su aparato partidario incrustado en todos los escenarios del poder. En resumen, iniciaron su lucha contra el régimen. ¿Alguna de sus resoluciones habla de paro? Ninguna. Los cruceños lucharán contra el gobierno sin paros, huelgas ni bloqueos de caminos. Y esa es, indudablemente, una muestra de su inteligencia.
En un cabildo multitudinario —se dice que sobrepasó la cantidad de asistentes del denominado “cabildo del millón”—, Santa Cruz desafió, y desafía, abiertamente al régimen de Evo Morales. Le ha dicho que su postulación es ilegal, que no respeta la voluntad popular expresada en el 21F y, además, ha anunciado desacato si es que, pese a todo el rechazo que ya es inocultable a los ojos de todos, gana las elecciones y encuentra otras maneras de quedarse en el poder. Ninguna región boliviana, ni siquiera en el Departamento de Potosí donde la rebeldía no solo se expresa en la capital sino también en su belicoso norte, se ha lanzado un desafío tan abierto al gobierno del MAS.
Santa Cruz se va a enfrentar al gobierno en las calles, si es que no atiende a las demandas que emergieron del cabildo, y en las urnas, donde vigilará para evitar el cada vez más mentado fraude electoral. Si, pese a todo, el régimen sigue adelante con su plan de seguir gobernando, ejercitará el desacato de diversas maneras, porque hay varias formas de desobedecer a la autoridad. Pero no habla de parar, de causar perjuicios a sus propios ciudadanos; ni siquiera menciona que paralizará su aparato productivo. Todo lo que Santa Cruz haga será en contra del gobierno, no en contra de Santa Cruz.
En cambio, por estas latitudes sureñas, no solo hay incapacidad de organizar cabildos multitudinarios como el de Santa Cruz (el último fue en Potosí, en plena crisis de la huelga de los 27 días, con una realidad política diferente a la actual) y, por ello, se organiza reuniones “representativas” en las que unos cuantos, no más de 200, deciden por unos miles.
El problema, el gran problema, es que la primera medida que manejan nuestros dirigentes, y ejecutan de manera “escalonada”, es la de la paralización de labores y, como agregado, con bloqueo de caminos.
La pregunta que uno se hace, frente a esa actitud, es ¿en qué afecta eso al gobierno? Mientras dura un paro, el gobierno funciona normalmente y es muy poco el interés que se le pone a una protesta, especialmente cuando esta no se ejecuta en el eje central.
A menos que se ejecuten en La Paz, donde está la sede de gobierno, y se paralice una actividad económica que perjudique directamente a las autoridades del gobierno central, ninguna medida será efectiva. Los paros y bloqueos de caminos no son una medida de presión efectiva sino castigos al pueblo. Santa Cruz lo sabe y, por eso, no decide parar. Decide, en cambio, desarrollar una lucha frontal contra el gobierno. Eso es inteligencia política.



