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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 29 de septiembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Hasta hace poco, la mayoría de los analistas chilenos que siguen el proceso boliviano daban por seguro un triunfo del presidente Evo Morales en primera vuelta, dado el capital político y social del MAS y, sobre todo, dada la división de la oposición. Así lo verificaban también buena parte de las encuestas, amén de su rigurosidad metodológica. Pero desde hace algunas semanas los incendios en la Chiquitania han puesto varios mantos de duda. En primer lugar por la magnitud de la tragedia, a estas alturas tres millones de hectáreas. Pero también llama la atención la lenta reacción del Gobierno, inclusive hasta la fecha de redacción de esta columna, aún no se declara emergencia en esta zona.
Lo anterior podría ser un tema doméstico, pero en su discurso del martes 24 en la ONU, el presidente Morales mostró otro talante. En dicha oportunidad autoalabó la gestión de su gobierno ante esta tragedia y se confirió las medallas de la rapidez y la oportunidad en la respuesta.
No fue el único en autoalabarse, el presidente Sebastián Piñera hizo una firme declaración en defensa del medioambiente, pese a que su gobierno rehusó en su momento firmar el Pacto Medio Ambiental de Escazú, que entre otras cosas, había sido promovido por la propia cancillería chilena desde hacia varios años atrás junto a Costa Rica.
¿La tragedia de la Chiquitania impactará en el resultado electoral? La respuesta sólo surgirá la noche del 20 de octubre. Pero si provocase una segunda vuelta, los análisis coinciden en un triunfo opositor, por la unidad que provocaría, repitiéndose un fenómeno como el 21-F.
Todo lo anterior son elucubraciones a partir del proceso electoral, pero hay algunos procesos que ya se esbozan y que se desarrollarán independiente del resultado político.
Uno de ellos es el futuro de la economía boliviana. En lo positivo se admira su estabilidad en materia inflacionaria. Pero se advierten los nubarrones derivados de los menores recursos dada la caída de los ingresos por gas. Menores ingresos por caída de exportaciones y junto con ello, un incremento del déficit publico. Nada muy grave hoy, pero, si la tendencia no se modifica, traerá problemas.
Y ahí empieza a asomar el panorama político próximo. Porque los principales compradores de gas boliviano son Argentina y Brasil. Si como todos anuncian, Alberto Fernández es el próximo presidente argentino, mejorarán las relaciones que en tiempos de Macri estuvieron frías. Pero Argentina se encuentra en una complicada situación económica y poco es lo que puede ayudar en el período próximo, más bien habrá que ayudarla. Uno de los principales efectos será el impacto de la crisis argentina en los cientos de miles de bolivianos residentes en dicho país. Brasil, por su parte, se encuentra en un proceso de redefinición de su estrategia económica, el súper ministro Paulo Guedes quiere abrir la economía, más libre comercio y menos Mercosur. Bolsonaro tiene grandes coincidencias con Trump.
Hasta ha amenazado con un “Brexit sudamericano” y salirse de Mercosur. Todo ello explicaría las visitas que Alberto Fernández acaba de hacer a Evo y a Vizcarra, en búsqueda de amistades políticas y comerciales.
¿Y las relaciones boliviano- chilenas?
Si alguna duda quedaba, en el mismo discurso en la ONU comentado, Evo dedicó largos párrafos a repetir su argumentación respecto a la demanda marítima, en una selectiva lectura, interpretó el fallo de la CIJ como una victoria. El negacionismo del presidente Morales no es único, Bolsonaro y Trump hicieron lo mismo, pero respecto al cambio climático. En suma, a veces la realidad no impera en los discursos de la ONU.
Así, el mensaje que se escucha en Chile es que el futuro gobierno de Evo seguirá en la misma tónica respecto a la relación bilateral. Como comprenderá el lector boliviano, esto no causa mayor entusiasmo por estos lados. Curiosamente, el tema Chile hasta ahora no había figurado para nada en la campaña electoral, y es comprensible. Tanto Evo como Mesa tienen cola que le pisen en el fracaso de La Haya. Por lo mismo, no se entiende por qué el presidente reflotó el tema en la Asamblea General, y además, fue autocomplaciente con su gestión ante los incendios.
Pero un hipotético triunfo de la oposición también genera preguntas. Sobre todo por la gobernabilidad que tendría. Asumiendo que el MAS tiene fuerza social organizada, que de pasar a la oposición le haría la vida imposible a un gobierno que surgiría más de una coalición electoral que de un profundo acuerdo programático. Un país vecino, con huelgas, cortes de ruta y movilizaciones varias, tampoco provoca mucho entusiasmo.
Todo lo anterior contrasta con la común necesidad que ambos países tenemos de enfrentar desafíos que nos afectan por igual.
Un fluido tránsito hacia y desde el puerto de Arica nos beneficiaría a los dos. Lo que se escucha es que todo ello se facilitaría si los transportistas bolivianos pudiesen entenderse directamente con el puerto sin la interferencia de ASP-B, que, a lo menos, encarece el proceso, para detrimento de los propios transportistas altiplánicos. Un manejo común y cooperativo en la frontera nos permitiría contener diversos ilícitos como el contrabando, el narcotráfico, la trata de personas. Pero las policías dependen de autoridades políticas.
En suma, las próximas elecciones en Bolivia provocan muchas preguntas, no todas se pueden resolver hoy, pero sería positivo para la relación bilateral avanzar en lo posible, tratando de crear efectos irreversibles.
Un buen tránsito nos beneficia a todos, al igual que una frontera segura. Queda pendiente el juicio por el Silala, que, si lo desdramatizamos, podría servir para generar jurisprudencia para todos los ríos de curso compartido, lo que no es una mala cosa, y que, además, no es sólo un tema chileno-boliviano.



