Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 01 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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cara a cara
Entramos a un octubre decisivo con el ya característico antagonismo de nuestras elecciones.
Pareciera que desde ‘octubre negro’ de 2003, a los bolivianos nos persigue la necesidad de elegir entre dos opuestos.
Las propuestas electorales pesan muy poco; los candidatos noveles no impactan; las posiciones éticas no cuentan. Lo único que parece importar es hacer prevalecer nuestro lado de esa disyuntiva. Bajo esa lógica hemos venido votando en elecciones presidenciales y judiciales y en variados referéndums.
Más que elecciones libres, estos procesos han sido una suerte de plebiscito de aprobación o desaprobación del régimen imperante. Si hasta se puede identificar un patrón de votación por departamentos, con la excepción de Pando, donde el padrón electoral ha cambiado radicalmente. Hay dos cosas que sí se perfilan diferentes este 20 de octubre: el fin de las mayorías absolutas y el fin de la tolerancia por los atropellos a la democracia.
Escenas dignas de la Guerra de las Galaxias se presentan en los salares y parajes desolados del Altiplano boliviano, donde las Fuerzas Armadas libran una batalla de igual a igual contra el contrabando.
Los convoyes de vehículos chutos, cargados de mercadería ilegal, terminan convertidos en humeantes chatarras, como al final de una batalla.
Muchos contrabandistas, armados hasta los dientes, logran escapar (¿a pie?) de los militares, dejando abierta la posibilidad de que haya un nuevo episodio a la vuelta de la esquina. ¿Qué nombre le pondríamos a esta surrealista saga nacional?




