Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: lunes 30 de septiembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Las elecciones del 20 de octubre tienen características especiales, al extremo de que las encuestas utilizadas por los canales de televisión que contrataron a la empresa Viaciencia, muestran resultados totalmente distintos a las de “Voto Informado”, encargada por dos prestigiosos periódicos y a las de “Tú voto cuenta”, del Sistema Universitario Boliviano. Este domingo se publicó la encuesta de “Voto Informado” y más allá de confirmar la información de otras investigaciones, que señalan que la elección se definirá en segunda vuelta, es llamativo el dato referido a que el 68 % de los encuestados considera que estas elecciones serán fraudulentas, mientras solo el 20 % de los entrevistados piensa que serán limpias. Esto en cualquier parte del mundo obligaría a una renuncia inmediata de los vocales del Tribunal Supremo Electoral, precisamente porque no importando cuales sean los datos que arroje el escrutinio, lo que se constata es que para la población no tiene ninguna legitimidad ni transparencia el trabajo del Órgano Electoral Plurinacional, por lo que cualquier situación será pasible a cuestionamientos e inclusive al rechazo general, no solo por los que se sientan afectados sino también de la Comunidad Internacional. Esto ya sucedió en Venezuela y en Nicaragua y pareciera que Bolivia sigue el mismo camino, lo que se percibe es que desde que se convocó al proceso electoral existe terquedad por llevar a cabo los comicios, sin que importen las irregularidades que se denuncian. Es innegable también que desde hace un par de elecciones nacionales, las encuestas a boca de urna terminan entregando resultados muy diferentes a los oficiales, que son obtenidos mediante el escrutinio, lo que indica que existen dos posibilidades para juzgar tal incongruencia: “O las encuestadoras misteriosamente falsean los datos o existe un margen muy alto de fraude electoral”. El Rector Waldo Albarracín de la Universidad Mayor de San Andrés, en ese sentido hace unos días denuncio que fue censurada la encuesta que ellos realizaron, precisamente porque el Tribunal Supremo Electoral teme que los resultados del conteo rápido que vayan a obtener, levanten sospechas respecto a la trasparencia del proceso, obviamente haciendo referencia al grado de manipulación que pueden tener los resultados electorales en Bolivia. Estamos en un ambiente rarísimo, donde inclusive una encuestadora que ha sido autorizada como Viaciencia, fue creada entre febrero y marzo de este año, es decir unos meses antes de las elecciones y no tiene ningún prestigio que avale su trabajo, mientras que la encuesta efectuada por el Sistema Universitario que siempre ha sido el que muestra el desempeño más confiable, fue observada y se evitó la difusión plena de los datos conseguidos. Es de esperar que el trabajo que se efectué y el control electoral de los partidos políticos, así como también de los observadores internacionales, sirvan para que se colabore en el desarrollo del proceso, sin embargo es una realidad inobjetable el hecho de que lejos de disiparse las dudas, el Trabajo del Tribunal Supremo Electoral, lo único que está consiguiendo es que tengamos un rosario de acciones cuestionables, que le hacen un enorme daño a la Democracia. Cuanta nostalgia tiene uno cuando recuerda a los notables que tenía la Corte Nacional Electoral desde 1991 hasta el año 2008, eran épocas donde todos podían ser cuestionados menos el árbitro electoral, los dictámenes que hacían eran respetados y sobre todo ese prestigio bien ganado que tenían, sirvieron de fundamento para la conformación de los gobiernos y el tiempo de mayor estabilidad política de nuestra historia.



