Medio: El Día
Fecha de la publicación: lunes 30 de septiembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Cuenta el mito que Narciso descubre su propia imagen en la superficie del agua cristalina y se enamora de sí mismo, de su rostro, de su personalidad y de su cuerpo. Asombrado de su belleza que irradia su imagen, se atonta, pierde el equilibrio y cae al río y se ahoga en su propia imagen. Incluso, esta situación genera una desviación del instinto sexual, el narcisismo que basta que el narciso se mire al espejo y se autoenamora y no necesita una persona del sexo opuesto sino de su propio yo, es decir, de su imagen.
En política, el narcisismo político es aquel que hace una campaña electoral a imagen y semejanza de el mismo, del sentido descomunal de su propia importancia, una necesidad profunda de atención excesiva hacia uno mismo, se admira demasiado y, muchas veces considera a los políticos adversarios de baja ralea. Considera que su “yo egoísta”, sus gustos supuestamente refinados, su estética y las preferencias que ha elegido es el único estilo que le hará triunfar en la lid política. En Bolivia, existen muchas campañas proselitistas con la trampa del espejo que en vez de ganar votos genera rechazo y, muchas veces abstención de los ciudadanos a sufragar.
Esto se da, porque han construido su campaña a imagen y semejanza del político narciso, pero también, muchas veces por consejo y craso error del jefe de campaña, su consultor, director de imagen por considerarlo su ícono y sobrehumano, por el publicista con los arreglos mentirosos de la foto del candidato. Seguramente este tipo de campañas deja alegres y satisfechos a los integrantes del equipo de campaña de un determinado candidato, porque se han embelesado hasta la cumbre del esplendor máximo de la “yo-manía” y enclaustramiento y culto a la dimensionada personalidad de sí mismo.
Ellos ven sus carteles, panfletos, espots publicitarios, escucha su jingle con placer y confía en ellos su triunfo anhelado. Sin embargo, esto le puede jugar una mala jugada ¿por qué? Por la sencilla razón que este modelo de campaña de súper estrellas galácticas solo convence a los miembros de la campaña que se aman asimismo, pero, tiene un alto riesgo de romper en pedazos el espejo de su propia imagen por ser demasiado ajeno al público objetivo que puede ver en el candidato mucha farsa, soberbia y egolatría y, por lo tanto si vence en las elecciones su gestión sólo será el espejo de la corrupción para su séquito de adulones que obtendrán ganancias ilícitas en desmedro del pueblo pujante y trabajador que seguirá hundido en la pobreza.
La campaña narcisista puede ser buena y mostrar los dotes del candidato, pero puede ser también una barrera estética con el ciudadano cuyo voto busca astuta y maliciosamente. Entonces, corre el riesgo máximo que es ahogarse en su propia imagen y, por lo tanto, se ahoga en votos que se inclinarán para el otro candidato que cae mejor por su humildad y sinceridad.
También, una campaña basada en el desprestigio mentiroso y alevoso contra el adversario puede ser un arma de fuego que explota en el mismo tambor o cacerina y enceguece en la perdición de la derrota al autor de la patraña, porque en vez de sumar, resta. Los candidatos deben ser genuinos, sentir empatía, veraz a toda prueba y no figuretis como han querido obtener ventaja todos sin excepción con la desgracia de los incendios de nuestra Chiquitania, incendiada por la mano irresponsable y desgraciada del propio ser humano. La naturaleza nos cobrará por este karma de destrucción del hábitat y convulsión del planeta.



