Como suele ocurrir en vísperas de todo proceso electoral, en Bolivia se ha intensificado la elaboración, aunque no siempre difusión, de las encuestas que se proponen detectar las tendencias y prever los posibles resultados de las elecciones del próximo 20 de octubre.
La más reciente de ellas, la realizada por la empresa Mercados y Muestras y difundida ayer por Los Tiempos, Página Siete y Asuntos Centrales, ha confirmado que el Movimiento Al Socialismo (MAS) mantiene una ventaja de siete puntos respecto a Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana (CC). Se ha confirmado así una tendencia que con muy ligeros altibajos, se mantiene constante desde ya más de una década.
La tendencia a la que nos referimos indica que en Bolivia está sólidamente consolidado un escenario electoral que puntos más, puntos menos, es descrito en términos similares por cuanta encuesta se hace. Cabe advertir, sin embargo, que la que hoy comentamos, como todas las demás, contiene una limitación muy importante, que consiste en que no refleja en su real magnitud las intenciones de voto en el área rural, sobre todo en las poblaciones más alejadas de las ciudades capitales y de la población dispersa donde, como todos saben, hay un voto cautivo que al no ser tomado en cuenta sin duda distorsiona los resultados.
A pesar de ello, el primer dato relevante es que Evo Morales cuenta con una base electoral prácticamente inmutable. Todas las encuestas indican que su apoyo se mantiene entre 30 y 40 por ciento, mientras la principal fuerza de la oposición conserva, también estática, la adhesión firme de un 30 por ciento del electorado.
Es tan estable esa distribución de las preferencias de la gente que, puede afirmarse que el caudal que ahora favorece a la fórmula encabezada por Carlos Mesa es el que heredó de quienes en todas las elecciones anteriores canalizaron a través de diferentes candidatos y organizaciones políticas, su rechazo al proyecto político del MAS y su binomio.
Entre ambos polos compuestos por lo que se suele llamar “voto duro”, pues no es probable que cambie de destino, queda pues un voto que todavía está en disputa, que fluctúa entre un 10 y 20 por ciento de gente que podría, según cómo se pinte el panorama, cambiar su intención de voto en la recta final. Es el único segmento que en realidad está siendo disputado durante la campaña electoral, y es del que depende el desenlace final.
Es pues grande el desafío que tienen ante sí los candidatos y los estrategas que conducen las campañas proselitistas. De la eficiencia con que actúen durante las próximas semanas depende el futuro político de nuestro país.



