Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: viernes 27 de septiembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El análisis político es una tarea necesaria. Se supone que debe estar a cargo de personas idóneas como cientistas sociales y comunicadores profesionales. Menos, a cargo de hombres comunes o dirigentes y otros actores políticos. Los primeros por carecer de pericia o idoneidad y los segundos por ser partícipes directos en el juego de la política.
Sin embargo, lo que más nos importa en esta nota es la necesidad del análisis político pues, como advierte Robert A. Dahl, “nadie está totalmente fuera del alcance de algún tipo de sistema político”. En otro sentido, la política –objeto central de dicho análisis– “es una realidad inevitable de la existencia humana”. Buenas y suficientes razones para pensar que no se puede eludir la urgencia de realizar los análisis políticos que sean necesarios en cada circunstancia y de mejorar nuestra destreza para hacerlo.
Como propone aquel destacado cientista político estadounidense, una buena aproximación al método de análisis deriva de la aceptación de que, en sentido estricto, existen cuatro orientaciones que adoptamos para “comprender y actuar inteligentemente” frente a una realidad tan compleja como la política o la vida política y que se expresan en cuatro preguntas que nos hacemos. La primera es “¿cómo podemos actuar a fin de llegar a un mejor estado de las cosas?”. La segunda, “¿qué es lo que sería un mejor estado de las cosas?”. La tercera, “¿cómo se producen las cosas en el mundo real?”. Y la cuarta, “¿qué quiero significar con los términos clave que uso, o las afirmaciones que hago?” El intento para responder a estas preguntas nos conduce a explorar y descubrir –si la suerte nos acompaña– cuáles pueden ser las mejores políticas a seguir, cuáles pueden ser los mejores criterios para juzgar o valorar políticas o acciones alternativas, cuáles son las relaciones empíricas o efectivas entre elementos del mundo real de la política y, por último, cuál es el significado de los términos que aluden a los diversos hechos o fenómenos que examinamos.
Con todo el análisis político no se agota después de seguir estas sendas. Durante nuestra exploración surgirán nuevas preguntas que, de manera transversal, cruzarán a lo largo de la misma. Al decir de Robert A. Dahl, por ser la política una “experiencia vieja y universal”, su análisis alcanzó un “grado extraordinario de perfeccionamiento” ya entre los griegos. A ellos se debe, en buena medida, el surgimiento de estos nuevos interrogantes que, por fuerza, integran el objeto del análisis político: 1) ¿Cuál es el papel del poder y la influencia en los sistemas políticos?, 2) ¿Qué tienen en común los sistemas políticos y en qué se diferencian?, 3) ¿Qué condiciones inducen a la estabilidad, el cambio o la revolución?, 4) ¿Cómo se conduce el hombre en política?, 5) ¿Qué clase de sistema político es el mejor? y 6) ¿Cómo podemos actuar en la gran incertidumbre que caracteriza a la vida política?
Por último, el autor estadounidense se pregunta si el análisis político, orientado al esclarecimiento de todos estos interrogantes, es un arte o una disciplina científica. “Creemos –responde– que es ambas cosas a la vez”. No son pocas las respuestas, así sean provisionales, que se encuentran ejercitando las virtudes e intuiciones propias de un artista. Son muchas las proposiciones que se desprenden de las comprobaciones a las que los científicos someten sus teorías.



