Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 16 de septiembre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Se viven momentos difíciles para todos: no sólo porque quizás la peor catástrofe ambiental que nos ha tocado, los incendios masivos e incontrolados en la Chiquitania, no están aún superados y se desconoce cuál será la dimensión final del daño, sino porque el ambiente social se ve enrarecido por el retorno de los fantasmas de la polarización y el encono en la política.
Ciertamente, lo que parecía una campaña no tan exitosa pero igualmente segura para el MAS ha dejado de serlo por efecto de los incendios. El Gobierno ha manejado de forma soberbia, calculadora y poco empática esta crisis, y continúa cuidando sus pactos con agroindustriales y colonizadores en vez de optar por escuchar a un país que presencia azorado que no se extreman recursos –como declarar desastre nacional– para superar el fuego.
En este contexto, se han visto varias señales preocupantes de un retorno al discurso embrionario del MAS, el de la polarización como estrategia para cosechar o imponer, y el del autoritarismo para censurar lo que no le gusta.
Sobre esto último, está como ejemplo el veto del Tribunal Supremo Electoral (TSE) a la encuesta realizada por la Fundación Jubileo y el Sistema Universitario, porque presuntamente no se han especificado las fuentes de financiamiento. Sobre el tema ya hemos opinado en este espacio, pero no deja de ser una señal que el TSE –que obedece al Gobierno– se preste tan ágilmente a esta maniobra porque los resultados de esa encuesta pueden no ser gratos para el oficialismo. Punto aparte para la reacción de todos los medios, que hicieron un pacto de silencio sobre el estudio por miedo a las sanciones.
Pero, no es todo. En medio de estas decisiones y acciones, se vivió la expresión de mayor tensión política en Santa Cruz.
Primero, a través del Cabildo en el que se escucharon encendidas intervenciones en contra no sólo del Gobierno, sino de la Gobernación y de los sectores ganaderos y agroindustriales. Ha sido insólita la efervescencia de esa reunión, y de las coincidencias en torno a la necesidad de hacer una pausa en la deforestación y proteger la Chiquitania y el bosque.
Sin embargo, el Gobierno sigue sin entenderlo. No de otra manera se interpreta que haya alentado la movilización de colonizadores que amenazaban tomar la Gobernación cruceña en señal de rechazo a la pausa ecológica decretada por ésta, y que implica también un cese para los asentamientos. En un momento tan delicado, lo lógico hubiese sido mantener la calma y tener prudencia, pues aún la crisis está en evolución. Sin embargo, no sólo se dio la mencionada movilización y presión, sino que se organizaron en simultáneo actos masivos de campaña del MAS, como la “toma de rotondas” del Segundo Anillo.
La chispa estaba lista para ser encendida y se encendió. Grupos de jóvenes, presuntamente de la Juventud Cruceñista y otros, agredieron a los militantes del MAS y a su casa de campaña. El resultado, heridos y detenidos y, una vez más, la sombra de la conspiración y el renacer del discurso del odio.
Nadie que se considere un patriota podrá querer revivir el clima de confrontación, racismo y enfrentamiento entre bolivianos que se vivió en los primeros años del llamado “proceso de cambio”, pero el Gobierno no duda en despertar esos fantasmas aludiendo a una derecha extrema que quiere evitar que Evo sea reelegido y que quiere que se interrumpa la democracia en vez de aguzar el oído y escuchar el mensaje de la gente.
Esas (en medio de confusas declaraciones de responsables del vandalismo que apuntan al propio MAS como azuzador de la violencia) han sido las conclusiones del propio Presidente, que dijo que se quiere impedir el voto de los sectores sociales.
Suspender las elecciones, ¿a quién puede beneficiar? Es una pregunta a reflexionar, pero sobre todo, hay que pensar que jugar con la retórica del odio, la violencia y la confrontación entre bolivianos puede ser efectiva, pero es muy peligrosa. Y puede terminar quemando a quien la aliente. Por ahora, lograron cambiar la agenda, del incendio del bosque al incendio en la calle.




