Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 28 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Hace millones de años empezó – según parece – la aventura de habitar este planeta; todavía hay vestigios de ese remoto pasado. A los dinosaurios nadie los ha visto caminar, pero poblaron la tierra en algún momento. Alguna catástrofe sucedió a raíz de un exceso que la naturaleza castigó severamente. Y de fojas cero, empezamos de nuevo. Aunque se dice que el hombre es el ser más racional, hay indicios que hacen dudar. Rusia ha comunicado que lanzó misiles intercontinentales desde un submarino nuclear. El armamentismo es la ruta trágica al suicidio colectivo. Al columbrar esa perspectiva Albert Einstein, vaticinó: “No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, sólo sé que la cuarta será con palos y piedras”.
De lo que no hay que dudar es de la inventiva creadora humana. Ahí están, sólo como ejemplos al azar, Benjamín Franklin, el científico que nos enseñó cómo dominar la violencia del rayo; los esposos Curie que descubrieron los rayos X, de inapreciable utilidad en la medicina. Pero desgraciadamente, la inventiva mencionada también sirvió para construir cosas malas, muy malas. Entre ellas, el loco afán de destruir el planeta con acciones que desequilibran la natural armonía cósmica creada por Dios o por la Providencia. El mundo y la vida son regidas por un conjunto de normas y leyes que no se pueden transgredir impunemente. Un Presidente dijo cierta vez en Palacio: “Por su infinita bondad, Dios perdona siempre; los hombres, algunas veces; la naturaleza, nunca”. Pero hay sordos que no oyen esas voces.
El fuego, utilizado en proporciones mínimas y controladas es beneficioso. En los albores de la vida cuando se produjo, ese día fue un paso decisivo hacia la civilización; pero es una fuerza que hay que saberla administrar. La violencia del fuego es terrible. La Chiquitanía que arde es un testimonio de ello. La ignorancia y la imprevisión precipitaron el desastre. Es un crimen de lesa ecología porque se destruye el hábitat de seres vivos que se cobijaban en el bosque incendiado. No son fantasmas los autores; deberían tener el valor civil de asumir su responsabilidad. En esta hora trágica, desoír el clamor de los que sufren, es una autosuficiencia absurda, ridícula.
Bolivia es un país de incendios y de trasgresores. El Art. 168 de la CPE ya no está vigente, y la voluntad del soberano expresada en las urnas ha sido desconocida; esos también son “fuegos” que incitan a la rebelión. Y sigue: ahora último brotó en Cochabamba otro foco de “incendio”. “La UMSS presente, Evo presidente”, decía una pancarta. Antes, la Universidad era un recinto de libertades, por eso fue muchas veces un refugio para los perseguidos, de cualquier lado que sean. Pero ahora, parece que varias están infestadas de politiquería; se han convertido en ambientes peligrosos. Con una actitud similar al de los uniformados, sumisamente sometidos al poder político, una autoridad universitaria tuvo la audacia de ofrecer al candidato oficialista un “ejército de universitarios”, a cambio de una diputación y un viceministerio, al decir de un ex dirigente de la FUL. Entonces peor todavía, se trataría de una vulgar transacción comercial: cuenta con pago, al costo de infringir normas éticas e institucionales de la Autonomía Universitaria.



