Medio: El Día
Fecha de la publicación: domingo 25 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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A dos meses de la fecha fijada para las elecciones generales en nuestro país, si no se presenta alguna contingencia de significación que haga variar la fecha que es el 20 de octubre del presente año, ya se puede ver que las diferentes corrientes políticas tanto del oficialismo como de la oposición, la que habrá de participar con sus candidaturas propias, vienen activando el debate público en diferentes tonos, debate que interesa a la ciudadanía, aunque el primero, o sea el oficialismo, arrastra el sello de la ilegalidad al infringir abiertamente la Constitución que no permite la reelección según los términos claros del art. 168.
Las corrientes de oposición, por su parte, se encuentran empeñadas en la lógica y necesaria crítica al régimen gubernamental y en la presentación de nuevas perspectivas para el país en procura de obtener réditos que beneficien a su caudal de electores. No obstante, hay algo que parece una inexplicable ingenuidad o error de estrategia, que sorprende o tiene que sorprender, pues se le ha ocurrido a uno de los candidatos opositores de “Bolivia dijo no”, referirse en términos no muy suaves al también candidato presidencial de “Comunidad Ciudadana”, expresiones críticas que registra la prensa. Desde luego que esta rivalidad, circunstancial diríamos, que estaría justificada por cuanto ella se presenta dentro de un juego democrático, debería manejársela en términos apropiados, dentro de las actuales circunstancias, para no caer en una ingenuidad mayúscula por cuanto ese enfrentamiento verbal así llevado, solo servirá para favorecer al oficialismo en sus pretensiones prorroguistas y de continuismo facilitados por semejante actitud candorosa.
Debe entenderse que el país busca un cambio positivo y necesario de gestión gubernamental, una sustitución del sistema autoritario por otro democrático y abierto para bien del país y de la democracia en Bolivia, de manera que resulta contraproducente y hasta desalentador que la oposición actúe, en el actual momento, bajo el signo de la discordia. Digamos sin embargo que todavía queda cierto plazo preelectoral – aunque breve - que bien podría servir de espacio de reflexión y de actitudes más positivas de parte de las fuerzas opositoras y puedan llegar a entendimientos que estén por encima de intereses personales o de grupo que beneficien a la Nación para que ella pueda desenvolverse dentro del marco de la democracia y así hacer posible la aspiración legítima de lograr un verdadero estado de derecho.



