Medio: Opinión
Fecha de la publicación: miércoles 21 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Se considera tránsfuga a la persona que pasa de una ideología a otra o de una colectividad a otra, según el diccionario de la Real Academia Española, por lo general porque ve mejores perspectivas en la opción que elige.
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21 agos 2019 | Ed. Imp.
Se considera tránsfuga a la persona que pasa de una ideología a otra o de una colectividad a otra, según el diccionario de la Real Academia Española, por lo general porque ve mejores perspectivas en la opción que elige.
El transfugio es una maniobra frecuente, más aún cuando estamos en pleno proceso de elecciones para designar a Presidente, Vicepresidente, diputados y senadores.
En los últimos días, militantes del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) decidieron dejar el partido que les cobijó por años y se alinearon a Unidad Cívica Solidaridad (UCS), liderado por el exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas. Asimismo, la prensa reflejó la maniobra que asumieron adeptos de Comunidad Ciudadana (CC), de Carlos Mesa, para acercarse al MAS.
En el primer caso, el jefe nacional del MNR, Luis Eduardo Siles, anunció que se envió al Tribunal de Honor de este partido a 14 militantes y candidatos por cometer felonía y transfugio político, tipificado en el artículo 38 de la Ley de Organizaciones Políticas.
El transfugio político es una práctica arraigada en la política boliviana, utilizada por personas que solo velan por sus intereses y se arriman a la opción que consideran más ventajosa.
De la noche a la mañana, políticos que han jurado lealtad a una determinada fórmula, y donde han permanecido años, cambian radicalmente su forma de pensar y se adecúan, con facilidad, a otra ideología, a otros principios y valores, sin siquiera ruborizarse por las críticas que reciben.
Lo que en realidad buscan estas personas es asegurarse de ganar un cargo, que puede ser una senaturía o una diputación, pero no toman en cuenta que están echando por la borda sus principios y la poca credibilidad que les queda.
Un partido que acepta a los denominados tránsfugas lo hace no necesariamente porque el elemento nuevo sea clave para ganar una elección, sino porque tiene la intención de debilitar al adversario y afirmar, luego, que hay división en esa organización política.
El transfugio es una práctica tan antigua como execrable, que habla mal de algunos políticos bolivianos y le quita credibilidad a los partidos.
En los casos más extremos, hay políticos que cambian de partido hasta tres veces en un mes, de acuerdo a qué entidad es favorecida por las encuestas o intención de voto que publican las empresas autorizadas para trabajar en ello.
Todas las personas tienen derecho a cambiar su forma de pensar y de elegir el partido que más les convenga, pero algunas lo hacen de forma frecuente y, no contentos con eso, hablan mal de la tienda política que abandonan, a la cual, unos días antes habían decidido defender con toda su integridad.
Este cambio constante de políticos, de una organización a otra, además de quitar credibilidad a la política misma, no permite el surgimiento de nuevos y remozados líderes. La población se ha acostumbrado, lamentablemente, a ver a los mismos candidatos, aquellos que tuvieron su oportunidad, en más de una ocasión, pero que no supieron aprovechar.
Es hora de que las instancias pertinentes sancionen con la rigurosidad que se merecen a los tránsfugas, a los que sin un motivo valedero abandonan un partido para arrimarse a otro, solo porque quieren seguir vigentes, a como de lugar, en la política, llegar a un cargo, si es posible, y seguir viviendo de las arcas del Estado.



