Delfín Arias Vargas (*)
La salud democrática de una nación depende —en buena medida— de la calidad ética de sus ciudadanos y de sus representantes políticos, mientras que el fortalecimiento de las instituciones políticas y su credibilidad dependen de muchos factores, pero, substancialmente, de la confianza que sean capaces de generar entre la ciudadanía.
Es decir, la confianza del electorado se gana con buenas prácticas, a través del ejercicio de virtudes cívicas como la honestidad, la lealtad, la veracidad, la ejemplaridad, la austeridad y la capacidad de servicio, que son actitudes básicas que todos los ciudadanos reconocen como valiosas, independientemente de las opciones políticas que legítimamente defiendan.
Queda claro que solo si esos valores son respetados en el ejercicio democrático, la ciudadanía será capaz de reconocer la práctica política como un noble oficio de servicio público y valorarlo como corresponde.
Entonces, el ejercicio de la política, entendido como servicio al interés general, exige actores que atesoren los valores fundamentales de la vida democrática, como la equidad, la tolerancia, el espíritu de diálogo y la participación ciudadana.
En ese contexto, sorprende la singular interpretación sobre el ejercicio de la ética en la política que hizo el jefe de campaña de la alianza opositora Comunidad Ciudadana (CC), Ricardo Paz Ballivián, quien restó importancia a las graves acusaciones que pesan en contra del candidato presidencial Carlos de Mesa.
En criterio de Paz, al electorado supuestamente no le interesa conocer la verdad sobre las acusaciones de extorsión y enriquecimiento ilícito, lanzadas en contra de Carlos de Mesa por el exministro de Informaciones y yerno de Gonzalo Sánchez de Lozada, Mauricio Balcázar.
“No vamos a entrar al juego de la guerra sucia”, sostuvo Paz en el programa multimedia Voto informado, en el que periodistas le cuestionaron la falta de una respuesta clara por parte del candidato presidencial de CC, porque al electorado boliviano le interesa conocer la verdad de las irregularidades que giran en torno a De Mesa.
“No es verdad, no es verdad”, respondió Paz Ballivián, y dijo que a la gente más le interesa conocer temas como la salud y la justicia, pero “no la pelea entre políticos”, reportó el diario Opinión.
De esta manera, desestimó el pedido del presidente Evo Morales, candidato del MAS a la reelección, para que De Mesa acepte debatir con su antiguo aliado político y aclare ante la población el desembolso de 1,2 millones de dólares que habría recibido de Sánchez de Lozada para formar parte del binomio presidencial del MNR en las elecciones generales de 2002.
Además, Paz Ballivián advirtió que los miembros de su partido que acepten “debatir el pasado” serían “unos levudos (tontos)”.
“La respuesta la ha dado Carlos (de) Mesa. No vamos a entrar al juego de la guerra sucia (...) El afán es precisamente que nosotros demos una respuesta, que digamos sí, que digamos no”, insistió, quien también se desempeñó como asesor de Samuel Doria Medina (UN).
No obstante, al parapetarse detrás de una supuesta “guerra sucia”, el jefe de campaña de la alianza opositora olvida que la democracia no solo es un sistema político, sino que en su acepción primigenia es un sistema de valores que establece sus nexos con el ejercicio de la política y de la ética de manera simultánea e inexcusable.
Es decir, esa relación no admite ninguna excusa, ninguna interpretación que favorezca a viejas prácticas manipuladoras de la conciencia colectiva que, lamentablemente, han caracterizado la historia política, económica y social de América Latina.
Además, al soslayar la obligación que tiene Carlos de Mesa de explicar y transparentar el supuesto cobro de esa millonaria suma para ser candidato del MNR a la Vicepresidencia, Paz Ballivián no admite que la relación intrínseca entre la ética y la política, al menos en su sentido filosófico y desde su propia identidad, tienden al mismo fin: el bien común.
En ese contexto, y tras su peculiar interpretación de la ética en la política, Paz Ballivián no cuenta con las credenciales morales suficientes como para dilucidar ¿qué está bien o qué está mal? ¿Quién debe rendir cuentas de sus actos o quién no?
El 1 de noviembre de 2018, Carlos Palenque Monroy, hijo mayor del comunicador y fundador de Conciencia de Patria (Condepa), Carlos Panque Avilés (+), declinó la oferta del FRI para unirse a la alianza Comunidad Ciudadana porque su candidato a la presidencia, Carlos de Mesa, tenía como asesor a Paz Ballivián, a quien acusó de haber traicionado a su padre.
“Existe una palabra deplorable en nuestro diccionario y es la deslealtad, y de ninguna manera podría convivir o trabajar con una persona a la cual lo caracteriza el apelativo de desleal, que es a mi parecer el adjetivo más oscuro que puede describir a un ser humano”, aseguró Palenque Monroy en la misiva en cuestión.
“Es por eso que espero sepan entender que debo rechazar su invitación, pues la lealtad, amor y compromiso que siento hacia Carlos Palenque Avilés, no me permiten compartir el mismo lugar con quien lo traicionara en vida, y así con mi presencia y trabajo, avalar a quien ahora es asesor de Carlos (de) Mesa, como si fuera una persona moral y consecuente”, agregó.
Y en una entrevista con la red Gigavisión, ratificó su declinación y afirmó que Paz Ballivián es la persona que causó el mayor dolor en la vida de su padre con su “traición espantosa”.
Ahora bien, la denuncia de Palenque Monroy sobre la presunta inconducta política y personal del ahora jefe de campaña de Carlos de Mesa desvela un sin sentido del ejercicio de la política sin ética de Paz Ballivián, lo que viola el principio —asumido ya hace 2.000 años por los griegos— de que la práctica de la política debe ser ético en su desarrollo.
Entre ambas hay una serie de nexos que hacen de ellas un complejo tejido social: objetivo, intención, adecuación entre medios y fines, justificación racional del porqué y para qué de las acciones que se asumen.
Es decir, estas ideas elementales con las que los griegos fundaron hace más de 2.000 años la filosofía, la ética y la política siguen siendo hoy la justificación racional y moral del poder, a pesar de haber sido reiteradamente violentadas.
Sin duda, este el caso de la postura de Paz Ballivián, quien dice que al pueblo supuestamente no le interesa conocer la verdad sobre las acusaciones de presunta extorsión y enriquecimiento ilícito que pesan contra Carlos de Mesa.
Sin embargo, con las violaciones a la razón y la ética se ha pretendido justificar el ejercicio del poder político por el solo hecho de existir, mutilándolo de todo referente moral. Esta es la gran ruptura ética de nuestro tiempo, que plantea un desafío que, por su profundidad y dramatismo, no debe ni puede seguir siendo aceptado como si nada hubiera ocurrido.
En ese contexto, queda claro que Carlos de Mesa, en vez de iniciar procesos legales contra los denunciantes, debe esclarecer las acusaciones que pesan en su contra, porque más allá de la insostenible postura de Paz Ballivián, al pueblo sí le interesa saber la verdad sobre la presunta extorsión y enriquecimiento ilícito en la que habría incurrido el candidato opositor hace más de 17 años.



