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Medio: Opinión
Fecha de la publicación: lunes 12 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La presente entrega no trata sobre personas. Intentamos discernir las razones y/o el por qué uno de los aparatos superestructurales más potentes que tiene el Estado para la construcción de hegemonía —en términos gramscianos— ha sido implementado y conducido, con el más negligente desparpajo, en olímpico desprecio por lo que debiera ser una política pública.
Contenido
ANTONIO MARIO MOLINA GUZMÁN
| Abogado, experto en legislación cultural |
12 agos 2019 | Ed. Imp.
La presente entrega no trata sobre personas. Intentamos discernir las razones y/o el por qué uno de los aparatos superestructurales más potentes que tiene el Estado para la construcción de hegemonía —en términos gramscianos— ha sido implementado y conducido, con el más negligente desparpajo, en olímpico desprecio por lo que debiera ser una política pública.
Hubo un momento constitutivo y sincrónico entre sociedad política y sociedad civil; disposición franca de diálogo y esfuerzo para consensuar y construir pluralmente la primera ley madre de cultura(s), intento que además humectó el suelo fértil de la participación verazmente democrática (que da sentido y contenido al sufragio) y ¡abre las anchas alamedas de la construcción plural de los sueños colectivos!, (parafraseando a Chicho). Aquel intersticio, solo fue eso.
Después siguieron más escaramuzas que reuniones, que fueron dejando el proyecto de ley en andrajos irreconocibles e ilegibles. ¡En algún momento el portazo! A un lado las voces roncas por gritar y, al otro, la inesperada y hasta ahora inentendible sordera y silencio.
Volcamos la mirada y esperanzas al ámbito municipal, desplegamos todo lo aprendido. Solo 2 municipios de los 352 se dotaron de su respectiva ley municipal; pero quedaron en obra gruesa. Ahí estamos.
Lo que hubo de parte del Estado ha sido disperso, desconexo, aleatorio y hasta contradictorio. En este panorama, el Programa de Intervenciones Urbanas ha sido un baldazo de agua a moribundos de sed. ¿Cuánto germinará como fruto madurado? En un par de meses lo sabremos. Lo certero es que la generosa dotación se inscribe en el momento coyuntural y tiene objetivo puntual. El presupuesto para culturas, programado o sorpresivamente asignado ha sido una caja de sorpresas.
En la agenda política electoral, literalmente el tema y el problema son inexistentes. Los "programas políticos" presentados como mera formalidad ante el Órgano Electoral, sobre el tema no tienen ninguna importancia, si es que lo mencionan.
Cuesta entender el derrotero que nos ha conducido hasta este punto, en un período de disponibilidad histórica, bonanza económica y la urgente necesidad de desbrozar senderos y construir políticas sustentadas en legislación que jamás tuvimos y que pensamos que era el momento. Urge una relectura de la realidad y el escenario actual. Pareciera ser un tema pretérito y herrumbrado, un “rollo viejo” diría un millenial. ¿Será?



