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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 12 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El bloqueo al pacto electoral entre Meza y Ortiz constituye el fiasco de una oportunidad.
Mesa no debe pretender ser Presidente por desistimiento ajeno, sino por mérito propio. Debe considerar que el azar le ofrece dos caminos: uno tortuoso, no es posible seguir esperanzado con un triunfo sin unidad, puesto que depende de Ortiz para salvar al país del colapso institucional al que nos dirigimos. Y el otro camino, es lograr una “entente cordiale” con Ortiz y la posibilidad de tener un Gobierno fuerte para abordar los graves problemas que tiene el país, ocultos tras la cortina de humo del MAS, que algún día se disipará para dejar ver el real deterioro del Estado.
¿De qué serviría votar por Ortiz? No hay posibilidad de un gobierno monocolor. Las dos fuerzas deben dejar a un lado sus diferencias para poner en marcha un programa común. Una negociación no tiene éxito si cada parte no siente que gana algo. Un Pacto de Gobierno les permite la probabilidad de tocar poder; de pasar de ser “proyectos” para convertirse en una realidad política creíble. Cómo dos partidos ubicados en el mismo espectro ideológico se presupone su sintonía y su capacidad de entenderse. Requieren solo de dos elementos fundamentales: la voluntad de querer y el respeto al otro. El aspecto decisivo no es conciliar razones, sino intereses.
La democracia impone un procedimiento, nunca un resultado. No admitir que Mesa tiene mayor opción, es automarginarse de obtener una posición más relevante que deslumbrante dentro del Ejecutivo; al despreciar el Pacto, arriesgan viabilidad electoral a cambio de algunos curules sin trascendencia estricta en el Parlamento.
Se trata de interpretar correctamente la voluntad ciudadana y de respetarla para que no se esterilice el objetivo principal. La ciudadania tiene motivos para sentirse traicionada por el despliegue de tacticismo de Ortiz, ya que pone en riesgo la posibilidad de recuperar la democracia, los derechos usurpados durante los últimos 13 años y, regalaría una cuarta oportunidad a la izquierda inepta, corrupta y avasalladora de la institucionalidad del país. Independientemente de las simpatías y antipatías hacia Mesa, es el único capaz de unificar el voto y atraer a la masa de indecisos; solo requiere cuadrar los números para una investidura convencional.
Ortiz debe renunciar para evitar que su nombre y fotografía queden impresos en las papeletas de votación. Su renuncia lo posicionara como un líder con sentido de Estado. Sería una salida propia de gentes que alardean de patriotismo. Es ahora cuando debe presentarse al país el acuerdo, por su impacto mediático y electoral inmediato. Si no lo hace, evidenciara su ética de irresponsabilidad y quedara postrado en la historia.
En política sólo hay un pecado: perder, y el fracaso sería estafador para las nuevas generaciones, porque pudo ser. Lo peor que puede pasar es resignarnos a perder.



