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Medio: El Día
Fecha de la publicación: jueves 08 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Justo cuando el presidente Morales hablaba como si estuviera jurando al nuevo periodo de gobierno y le brotaban de la boca los millones que piensa invertir hasta el año 2025, desde Brasil llegaban noticias que no son nada conveniente para su modelo económico, basado en la inversión estatal, en la inyección de grandes cantidades dinero en obras que no sirven de mucho, pero que cumplen la función de regar de dólares en todas direcciones y mostrar una cifra de crecimiento que nada más funciona para la propaganda y la campaña electoral.
En Brasil –decíamos-, ya se ha definido que a partir del final del contrato entre YPFB y Petrobas, los volúmenes se reducirán casi a la mitad y este martes se ha conocido también que el factor precio puede afectarse, producto de la caída de un 40 por ciento en lo que pagan los consumidores brasileños por el traslado del energético.
Las autoridades del sector han salido presurosas a aclarar que no se habla del precio del producto, sino del transporte, pero olvidan mencionar que se trata de dos elementos indisolubles y en lo que respecta al gas, lo que se paga por el uso de los ductos y toda la tecnología para llevar el energético de un punto a otro, puede representar hasta la mitad del valor final.
Nadie conoce de grandes mejoras tecnológicas que se hayan introducido para ser más eficientes y reducir los costos del transporte del gas que se envía a Brasil, por lo que se deduce que la reducción que comenzará a aplicarse, afectará a los ingresos que percibe Bolivia, que desde ya se han visto menguados desde la caída de los precios del petróleo y por la reducción de los pedidos del vecino país.
Las últimas novedades, sin duda alguna, son las primeras consecuencias del cambio de las reglas del juego que comenzarán a aplicarse en el contrato con Brasil, cuyo gobierno ha decidido que Petrobras dejará de ser la contraparte del negocio y que YPFB deberá ingresar en tratos con diversas empresas privadas para definir volúmenes, precios, plazos y otras condiciones que en el pasado tenían un alto contenido político muy favorable a Bolivia.
Se trata de un desafío muy importante para la petrolera estatal boliviana, que deberá adaptarse a este nuevo modelo y demostrar su capacidad de relacionarse en un contexto que le es ajeno, donde es fundamental la eficiencia y la competitividad. Por lo que se ha conocido, está claro que ingresará con el pie izquierdo en este nuevo contexto que exige mayor eficiencia.
Por lo que le toca al Gobierno, resulta evidente que el negocio del gas dejará de ser la caja sin fondos del régimen. En este momento, la mitad de lo que ingresa por exportación del energético se gasta en importar diesel y gasolina, ecuación que tiende a deteriorarse, pues no sólo se incrementa la compra de carburantes líquidos y disminuye la platita para compensar, sino que las perspectivas de incrementar las reservas no son nada alentadoras. Y esto no es discurso, es realidad.
El negocio del gas dejará de ser la caja sin fondos del régimen. En este momento, la mitad de lo que ingresa por exportación del energético se gasta en importar diesel y gasolina, ecuación que tiende a deteriorarse, pues no sólo se incrementa la compra de carburantes líquidos y disminuye la platita para compensar, sino que las perspectivas de incrementar las reservas no son nada alentadoras



