Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: martes 06 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Sin embargo, en 2002 Carlos de Mesa lanzaba aplausos al entonces jefe e inspirador de la corriente gonista en el seno del MNR: Gonzalo Sánchez de Lozada. Es decir, su militancia gonista estaba fuera de toda duda.
Pues bien, “luego de varias idas y venidas’, el 3 de febrero de 2002, “los movimientistas convencieron al comunicador social para que deje la pantalla y haga política”, señala una nota informativa de la Agencia de Noticias Fides (ANF), fechada aquel ya lejano día.
Ese domingo el MNR clausuró su Convención Nacional Extraordinaria que proclamó a su binomio presidencial. ANF dice que Carlos de Mesa “mostró su movimientismo ingresando con los brazos en alto para la aclamación de su partido” y pronunció “un encendido discurso basado en las premisas emenerristas”.
“Luego ingresó Gonzalo Sánchez de Lozada, que también fue aclamado, para juntos y tomados de la mano recordar las glorias del MNR y remarcar sus retos de ahora: detener la crisis económica y erradicar la corrupción”, agrega la nota informativa.
Durante su discurso, De Mesa sostuvo que las principales razones que le impulsaron a aceptar la invitación para postular a la Vicepresidencia por el MNR fue dejar de ser un simple testigo, ser protagonista, hacer historia y luchar contra la corrupción.
No obstante, desde la proclamación electoral del binomio Sánchez de Lozada-Carlos de Mesa, hace 17 años, seis meses y dos días, mucha agua pasó por debajo del puente de la historia y la Bolivia de hoy ya no es más la Bolivia de entonces:
Bolivia ya no es un país limosnero, hoy es un Estado plurinacional, libre y soberano que lidera el crecimiento económico sudamericano desde hace seis años e industrializa sus recursos naturales, mientras que Sánchez de Lozada es un prófugo de la justicia boliviana refugiado en Estados Unidos y De Mesa es un candidato presidencial acorralado por su pasado y por denuncias de presunta corrupción que se resiste a explicar.
Aquel 3 de febrero de 2002, Carlos de Mesa aseguró que “no es tiempo de ver cómo sufren las mujeres, los niños y la población, hay que cambiar las cosas por lo que ahora me meto a fondo” a la política, de la mano de Sánchez de Lozada y del MNR.
El binomio movimientista ganó las elecciones del 30 de junio de 2002 por un estrecho margen (22,46% de votos) y el MNR tuvo que negociar una alianza política —eran tiempos de las componendas y la repartija del Estado— con el MIR, a la que se sumó luego NFR.
No obstante, el gobierno de Carlos de Mesa y Goni nunca atendió las necesidades “de las mujeres, los niños y la población”, menos se ocupó de “cambiar las cosas”, aunque el Vicepresidente de marras se haya metido “a fondo” en la política y en la conducción del Estado. Por el contrario, profundizó la política entreguista de los recursos naturales y las diferencias sociales, económicas y regionales.
Y para salvar el neoliberalismo decretó un impuestazo a los salarios de los trabajadores, lo que provocó el rechazo popular y precipitó la primera masacre del gonismo: la de febrero de 2003 que cobró la vida de 33 personas en La Paz, mientras De Mesa, quien pregona que “no tenía el valor de matar” no renunció, pese a la matanza perpetrada por su gobierno.
Elíseo Cabral precisa que el descontento social provocado por las políticas neoliberales del binomio gobernante ocasionó una andanada de movilizaciones populares: enero, febrero, septiembre y octubre de 2003, que culminó con la Guerra del Gas, la renuncia y huida de Sánchez de Lozada —quien pretendió exportar nuestro gas a Estados Unidos a precio de gallina muerta por un puerto chileno—, y la investidura como presidente de Carlos de Mesa, el 17 de octubre de ese año.
El 20 de septiembre de 2003, la niña Marlene Ramos, de apenas ocho años de vida, fue asesinada en Warisata por una bala disparada por un militar que obedecía instrucciones del gobierno gonista. La violenta muerte de la niña desnudó que la promesa de Carlos de Mesa de que “no es tiempo de ver cómo sufren las mujeres, los niños y la población”, era demagogia pura.
En 2018, los padres de Marlene, Eloy Rojas y Etelvina Ramos, declararon en Estados Unidos contra los autores intelectuales del genocidio: Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín, quienes actuaron con la connivencia de Carlos de Mesa que rompió con Goni recién el 14 de octubre de 2003, cuando la represión ya había cobrado medio centenar de muertos y un número indeterminado de heridos de bala.
Además, De Mesa se negó a viajar a Estados Unidos para declarar como testigo de cargo en el juicio civil contra los cabecillas de la masacre de octubre, y así contribuyó para que los autores intelectuales del genocidio fueran exonerados por un juez de Miami, quien anuló un fallo previo de un tribunal ciudadano que había condenado a Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín a indemnizar con 10 millones de dólares a los familiares de sus víctimas.
Es decir, el ahora candidato presidencial nunca cumplió su palabra de luchar por los derechos del pueblo, expresada en su proclamación como candidato a la Vicepresidencia, ni con el compromiso que asumió el 18 de octubre de 2003, en la Ceja de El Alto, ante miles de personas, cuando prometió justicia para las víctimas de la represión gonista.
Ahora bien, en la Convención Nacional Extraordinaria del MNR de 2002, Carlos de Mesa también prometió empezar la lucha contra la corrupción desde el seno del propio MNR, de modo de poder “mirar cara a cara a los corruptos”, y así cumplir el “mandato de Sánchez de Lozada de luchar contra la corrupción desde la Vicepresidencia”.
Nunca lo hizo, por el contrario, hoy está acusado de ser el actor de un hecho de millonaria como escandalosa corrupción en 2002: presumiblemente exigió el pago de 1,2 millones de dólares antes de aceptar ser el acompañante de Sánchez de Lozada como postulante a la Vicepresidencia. De Mesa opta por el silencio y el fácil argumento de una supuesta ‘guerra sucia’ en su contra.
Según el libro El caudillo ilustrado, de Emilio Martínez, el expresidente y actual candidato exigió ese millonario pago para proteger sus negocios personales.
Las afirmaciones recogen un amplio testimonio de Mauricio Balcázar, exministro de Información y yerno de Sánchez de Lozada, quien asegura que De Mesa quería un monto fijo que quedó establecido en 1,2 millones de dólares, y que el día de la proclamación —el 3 de febrero de 2002— había incertidumbre sobre la aparición o no de Carlos de Mesa, porque pidió que se le pagara esa misma noche una primera entrega de 200 mil dólares en cheque, aunque del monto acordado finalmente pudo haber cobrado 800 mil dólares.
Además, hace algunos días Balcázar denunció que gente de Comunidad Ciudadana le llamó y le pidió que guarde silencio a cambio de favores si llegan a ser gobierno, lo que calificó como un chantaje o una amenaza.
Sea como fuese y antes de exigir un debate con el presidente Evo Morales con miras a las elecciones del próximo 20 de octubre, Carlos de Mesa debe dar muchas explicaciones a sus electores y al pueblo en su conjunto, respecto de la grave acusación que pesa en su contra.
De Mesa, el gonista que hoy reniega del gonismo, también está obligado a transparentar su flujo económico y permitir que la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) ponga en claro los depósitos que en 2002 siete empleados suyos hicieron a las cuentas bancarias del canal de televisión PAT, del que entonces era accionista mayoritario.
Ya lo dijo el hijo del carpintero: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42)
(*) Comunicador social y periodista



