Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 06 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Un país es más que su territorio, bendecido en el caso boliviano con una de las mayores diversidades de territorios, climas, fauna y flora de todo el mundo; o que su gente, igualmente diversa en sus culturas y nacionalidades étnicas. Es la suma de esos factores más su historia y su proyección hacia el futuro; es lo que queremos y lo que podemos, lo que soñamos y aquellos que logramos.
Mirando hacia atrás, se puede observar muchos hitos que han marcado el espíritu de esta gran nación, que surgió como la mimada del libertador Simón Bolívar. Algunos de ellos están vinculados con la ya señalada riqueza que, paradójicamente, en más de una ocasión jugó en contra de nuestra independencia y desarrollo, pero al mismo tiempo sirvió de acicate para que las y los bolivianos amen más a su patria y estén dispuestos a ofrendar su vida y hacienda para conservar esa libertad.
Mirando hacia adelante se observa en el horizonte próximo la celebración del Bicentenario, que debería llegar acompañada de mejores índices de bienestar y desarrollo humano, con crecientes señales de modernidad, desde las obras de infraestructura hasta las necesarias transformaciones que nos hagan iguales ante la ley, pero sobre todo en la vida cotidiana.
Los nubarrones propios de una coyuntura electoral como la que se vive en vísperas de las elecciones de octubre no deberían provocar el olvido de aquellas cosas que unen a las y los bolivianos en el fondo: la vocación pacifista, la voluntad de progreso individual y colectivo, los valores compartidos y, sobre todo, la solidaridad que aparece una y otra vez en situaciones de crisis.
Por supuesto que hay personas que aman más sus intereses particulares que a la patria, pero son, además de una minoría, lo que el común de la gente rechaza; y no serán ellos quienes definan la agenda común, sino quienes buscan la mejora constante de sus condiciones, construyendo así un mejor futuro para sí, para sus hijos e hijas y para las futuras generaciones en general.
Celebremos, pues, el aniversario de la independencia del país mirando no la mezquina querella electoral, sino más allá, preguntando una y otra vez qué más podemos hacer por la patria, que no se agota en las rencillas coyunturales y es potencia no solo por sus ingentes recursos naturales, sino también por la posibilidad de extraer el máximo provecho de la grandeza y la vocación productiva, intelectual y cultural de su gente. Bolivia es, pues, todo lo que podamos hacer de ella y mucho más.



