Recuerdo que, hace un par de meses atrás, escribí un artículo de opinión con el nombre de “La pobreza en tiempos electorales” en el que se hizo notar la instrumentalización de las necesidades y carencias con fines electorales al estilo de la vieja escuela y su uso en las campañas electorales.
Desde aquella publicación, producto de un anuncio y compromiso de reducir la extrema pobreza a menos del 5% hasta el 2025, se vuelve a retomar el tema, después de un contexto donde se habló bastante del índice de pobreza multidimensional (IPM) y porque el vicepresidente del Estado Plurinacional durante la sesión de honor por el 194 aniversario de Bolivia en la Asamblea Legislativa Plurinacional aseguró que cada día 790 bolivianos y bolivianas dejan la pobreza y se incorporan a la clase media de ingresos económicos como efecto positivo de la creación de 220 mil nuevos empleos.
Con seguridad las diferentes tiendas políticas opositoras y el propio Movimiento Al Socialismo aprovecharán el escenario político para referirse teóricamente al fantasma de la pobreza sumando aprobaciones y/o rechazos al informe del segundo hombre al mando del país, mientras las víctimas de la pobreza multidimensional, pobreza y extrema pobreza, seguirán batiéndose día a día para generar más recursos económicos y cubrir sus necesidades, puesto que, pese al esfuerzo del gobierno actual, día a día nacen más bolivianos y, con ellos, más necesidades que responder.
Los datos fríos suman y suman, recordemos que el pasado 30 de julio de este 2019, un estudio del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) develó que el 61% de los bolivianos se encuentran en una situación de “pobreza multidimensional”, es decir que 6 de cada 10 bolivianos tienen varias necesidades simultáneamente lo cual hace referencia a la pobreza multidimensional para una mayor comprensión. Sin embargo, los datos publicados por el Cedla fueron rechazados inmediatamente en fecha 31 de julio por el director de Estadística e Indicadores Económicos y Sociales del Instituto Nacional de Estadística (INE), Humberto Arandia, bajo el argumento de un trabajo de la ONU y OPHI que contempla que solo 20,4% de la población boliviana registra pobreza multidimensional moderada y el 7,1% pobreza multidimensional severa.
Pese a los esfuerzos y aciertos develados por los gobernantes, la pobreza continúa tejiendo una serie de historias de vida las cuales están estrechamente vinculadas a una serie de necesidades como una vida en pleno siglo XXI sin luz eléctrica, sin servicios básicos y otras necesidades en algunas comunidades fronterizas y limítrofes con Chile y Argentina.
En este carnaval político electoral, con seguridad se hablará y se propondrá con énfasis la erradicación de la pobreza para lo cual deberemos estar atentos a cómo piensan erradicar la extrema pobreza y la pobreza, porque solo el discurso de erradicación no basta, sino importa conocer la estrategia para cumplir dicho objetivo para superar la evidente y visible mendicidad reflejada en las calles y avenidas de las ciudades capitales de Departamentos.




