Medio: Opinión
Fecha de la publicación: lunes 05 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El debate político es una de las características destacadas de la democracia, puesto que este sistema está fundamentado en la controversia entre quienes detentan o quieren detentar el poder con legítimo derecho, a fin de conservarlo, poseerlo, o modificarlo, imprimiéndole un contenido distinto y diferenciador.
Contenido
"CUCHO" JORDÁN Q.
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05 agos 2019 | Ed. Imp.
El debate político es una de las características destacadas de la democracia, puesto que este sistema está fundamentado en la controversia entre quienes detentan o quieren detentar el poder con legítimo derecho, a fin de conservarlo, poseerlo, o modificarlo, imprimiéndole un contenido distinto y diferenciador. Mediante esta práctica de confrontación civilizada es que se pretende fijar y sostener puntos de vista que interesan a la comunidad en su conjunto, como ser, la validez de los idearios que sustentan, los programas que ofertan, los planes y las estrategias que plantean, las prioridades que establecen y los recursos con que se cuentan para el cumplimiento de los objetivos que se proponen. Una comparación de ideas y posiciones sobre estos temas y otros de trascendencia nacional no deben tender a estigmatizaciones ni polarizaciones indebidas o confrontaciones personales o devaneos retóricos insustanciales. Se trata simplemente de establecer la justeza y la viabilidad de las ofertas y los propósitos.
El debate político debe ser considerado, en los hechos lo es, como instrumento idóneo para el control del ejercicio político, del manejo de la cosa pública; pero también supone fijar posiciones sobre temas esenciales que interesan a los gobernados: como el reconocimiento de sus derechos, sus requerimientos y sus anhelos y aspiraciones. La controversia y confrontación verazmente democrática tiende al análisis de la realidad en concreto, planteamientos de alternativas coherentes y posibles, subsanando los errores cometidos, dilucidando alternativas y, en lo posible, logrando consensos sobre diferentes tópicos y situaciones. El hecho de un cotejo público y de cara al país es una verdadera escuela política para la ciudadanía, constituye la materialización de un Gobierno abierto e incluyente, es un modo idóneo para la transparencia y participación ciudadana, y lo que es innegable es que mediante este método democrático se reitera la razón de ser del sistema y la convicción de que el ciudadano es depositario y titular de la soberanía. En tal sentido, debe estar enterado de las propuestas políticas para elegir, con convicción y libertad, las alternativas que considera justas y posibles.
Las tendencias pseudo democráticas, populistas o definitivamente totalitarias desdeñan la confrontación y el dialogo imponiendo, en vez de ello, actos de masas, concentraciones artificialmente diseñadas, con la finalidad de exaltar la figura del caudillo. Se trata en puridad de un espectáculo propagandístico de ovación del conductor, para encumbrarlo en la cima de su egolatría. No se permiten, en estos eventos, disonancias y, peor aún, exigencia de responsabilidad en los actos de Gobierno del iluminado. En estos actos, la presencia popular es obligatoria como lo es un comportamiento pasivo; el hombre en concreto constituye un elemento más del entretenimiento pasajero y fugaz, como los símbolos que identifican a la agrupación política. Los costos de tales campañas que se reproducen en diversos ámbitos son asumidos por el erario público.
Sería deseable que ante la proximidad del evento electoral que se avecina, los partidos y agrupaciones políticas, que se disputan la adhesión del pueblo, prefieran el debate democrático y la confrontación de ideas, y desdeñen los entretenimientos populistas.



