Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 04 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
En esta etapa de febril actividad electoral en la que las organizaciones políticas hacen lo imposible para convencer a los/as electores sobre las ventajas de votar por ellos, unos recurren a promesas de solución pronta a los graves problemas que aquejan a la población y de transparentar la gestión gubernamental y otros, además de promesas de bonanza similar a sociedades del primer mundo, añaden una fuerte dosis de agresividad contra sus adversarios políticos, al extremo de provocar que la gente dude de la salud mental del que profiere los insultos.
Contenido
JULIETA MONTAÑO S.
| |
04 agos 2019 | Ed. Imp. En esta etapa de febril actividad electoral en la que las organizaciones políticas hacen lo imposible para convencer a los/as electores sobre las ventajas de votar por ellos, unos recurren a promesas de solución pronta a los graves problemas que aquejan a la población y de transparentar la gestión gubernamental y otros, además de promesas de bonanza similar a sociedades del primer mundo, añaden una fuerte dosis de agresividad contra sus adversarios políticos, al extremo de provocar que la gente dude de la salud mental del que profiere los insultos.
Lo más notable es el comportamiento de los guerreros digitales del partido de Gobierno que, debemos reconocer, son muy activos, disciplinados, dóciles con sus jefes y agresivos con extraños y cumplen con la consigna de referirse al candidato que mayores posibilidades tiene de aguarle la fiesta a la dupla gubernamental con la frase “pordiosero”, como el mayor agravio que suponen es para él; frase que encontramos en todas y cada una de las intervenciones de usuarios de redes sociales creadas, las más, con identidades falsas.
De acuerdo al diccionario, el significado preciso de la palabra “pordiosero” es “persona que habitualmente pide limosna para vivir o persona de aspecto desharrapado y perteneciente a un grupo social marginado”.
Por lo que se conoce del destinatario del adjetivo, es un intelectual con ingresos saneados producto de su trabajo, que tiene la ventaja de provenir de una familia de prestigiosos profesionales muy bien acomodados económicamente y que se lo ve siempre sobria, pero elegantemente vestido, de tal manera que el uso de la palabra “pordiosero” no cuadra y lo único que consiguen es generar mayor animadversión a sus mandantes, porque el aludido, consciente de su posición socioeconómica, se debe limitar a mirarles con cierta conmiseración paternalista o simplemente ignorarles.
Siendo así, la única explicación que cabe sobre el por qué usar con tanto desprecio la palabra “pordiosero” para referirse al que consideran su peor enemigo, es el profundo desprecio que los nuevos ricos sienten por los pobres, por los desposeídos, por los que se ven en la dura necesidad de mendigar para sobrevivir, porque les recuerda su pasado reciente, antes de que echaran mano a las arcas del Estado vía corrupción o se hicieran con la exclusividad del contrabando y otras actividades ilícitas, pero muy rentables.
Las frases usadas por consigna partidaria como ofensa a sus oponentes, lo que hacen es develar la esencia alienada del sector de nuevos ricos surgidos en los últimos 13 años de Gobierno.



