Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 04 de agosto de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Una campaña denominada #MachistasFueradelasListas está publicando los nombres y algunas características o antecedentes de candidatos de ambos sexos a asambleístas en las actuales elecciones.
La campaña se ha extendido hasta pedir la salida de homofóbicos, racistas y corruptos, por lo que se podría temer, si la campaña tuviera efectos, que los partidos políticos se verían en figurillas para conformar sus listas.
Si se entiende el machismo como el conjunto de actitudes basadas en el prejuicio masculino que cree en la superioridad de los hombres sobre las mujeres, tanto en términos de sus capacidades como de su inteligencia, es válido suponer que muy poco pasarían un stándar aceptable.
Si a esto le añadimos las otras taras culturales que nos caracterizan como sociedad y que forman parte de viejas y consolidadas estructuras de dominación, y discriminación, la cosa se pone realmente desmoralizante. En una sociedad realmente democrática, con instituciones y justicia funcionando, quizás sea posible, y sobre todo deseable, acreditar idoneidad.
Un claro ejemplo de que esto no ocurre es que son varios los acusados de violencia doméstica que figuran en las listas, algunos sin sentencia como consecuencia de la impunidad que impera. Homófobos y corruptos también los hay, y también están quienes reúnen todas las perversiones, pero que amparados en la impunidad no sólo saldrán de las listas, sino no que han entrado precisamente por esas características para jugar el papel ya demostrado en su vida familiar y pública.
En una sociedad razonable, primaría el principio de inocencia y hasta quienes piensan y creen en la superioridad masculina, tendrían el derecho a participar para que sea el voto soberano de la ciudadanía el que elija, corriendo el riesgo inclusive de que ese voto sea equivocado desde una perspectiva ética, de justicia e igualdad.
Los que no deberían participar son quienes además de tener convicciones machistas, han violado la ley, algo imposible de constatar dada la escandalosa corrupción que caracteriza a los magistrados y a muchos políticos que los sobornan. Este debate, sin embargo, debe situarse en el contexto de la actual situación.
Para comenzar, los candidatos y candidatas del MAS aunque fueran parte de la colonia celestial, no deben ser candidatos, y no ganamos nada con pedir que salgan los machistas.
De entrada, los dos personajes que encabezan la fórmula han demostrado su machismo en reiteradas oportunidades y han recibido el aplauso de sus compañeras de partido. Ellos simplemente expresan la ilegalidad y la inmoralidad en todas su variantes, y no será con la salida de Jesús Vera con que limpien su embarrada imagen.
Al criticar sus listas, estamos validando la candidatura trucha y eso es muy grave. Por otro lado, si algo ha ocurrido durante “el proceso de cambio” es que desde el Estado se ha promovido la doble moral, el machismo y la corrupción, al punto de haber naturalizado todos esos rasgos, convirtiendo a nuestro país en uno de los más enfermos y decadentes de la región.
El movimiento feminista fragmentado y copiado no ha ganado las calles y tampoco ha incidido en las políticas de manera significativa.
El MAS no representa un problema por el machismo de sus miembros, lo es porque ha convertido el abuso en una forma de gestión política que hace uso cotidiano de la mentira. La usa para liquidar al único candidato que puede ganarle y abrir una oportunidad en la historia nacional para reconstruir las instituciones, y luchar por la vigencia del Estado de Derecho y la transformación de la sociedad, donde el respeto deje de ser una conducta excepcional.
Utiliza a los otros partidos de oposición para consumar su consolidación como gobierno dictatorial en un momento en el que lo más importante es impedir la reelección del MAS.
Dicho todo lo anterior, es impresentable que Comunidad Ciudadana haya incluido en sus listas a un personaje como Erwin Bazán, quien expresa la infiltración fundamentalista en sus filas con una estrategia clara de promover desde su curul, si es que lo obtiene, la propuesta antiderechos que lo tendría más cómodo junto a Víctor Hugo Cárdenas.
Bazán no sólo tiene ideas machistas, es parte de un movimiento internacional que, apoyado en las creencias religiosas fundamentales, justifica la violación de menores de edad y se apoya en un marianismo retrógrado que considera a niñas y mujeres en úteros destinados a procrear, aunque esto les destruya la vida.
Concentrar la lucha en impedir que este machista cruel y despiadado sea parte del futuro Parlamento pondría en la campaña, plagada de abusos, un aire nuevo, que siguiendo los pasos de parlamentarias valientes, como Andrea Barrientos, Cecilia Requena y Loyola Guzmán y otras más, trabajen por la vida, y los derechos de las mujeres. Carlos Mesa tiene la palabra.




