Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: lunes 29 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El frenesí de las campañas políticas ha comenzado, agitando a la Sociedad con la verborragia de los candidatos, las expectativas de los votantes y los hechos de la realidad que imponen límites a las voluntades, ahora se van desatando diversas pasiones y de alguna manera su manifestación revela aspectos notorios de la disposición emocional de la Sociedad hacia la permanencia o el cambio. El miedo; el optimismo; la incertidumbre e inclusive la ira, sí, son turbaciones generalizadas, pueden ser materia para una campaña política y sus mensajes. En ese sentido las encuestas son una herramienta importante, inclusive, pueden impactar emocionalmente en los electores, tanto a nivel nacional como en Tarija, naturalmente en la medida en que sus artífices sean fiables y sus contextos verosímiles. Estos últimos meses serán decisivos, veremos cómo se desatan las pasiones y cuáles son los discursos y propuestas que dibujan las intenciones de los candidatos, aunque algunos ciudadanos asuman una postura indiferente, indudablemente los resultados electorales nos afectarán a todos. Es apropiada la sentencia de Confucio: “Un hombre sin virtud no puede morar mucho tiempo en la adversidad, ni tampoco en la felicidad; pero el hombre virtuoso descansa en la virtud, y el hombre sabio la ambiciona”. Esperemos que aquellos que sean favorecidos por el voto, aunque no sean virtuosos anhelen ese valor, porque la vida pública exige el escrutinio de la Sociedad, una buena campaña debería permitir conocer al candidato y mostrar sus cualidades de liderazgo, de forma que se contrasten ideas, perfiles e intereses, algo que no es de exclusiva responsabilidad de los partidos políticos y de las agrupaciones ciudadanas, en realidad son los electores los llamados a inquirir, son ellos los que deben juzgar y ponderar aquello que se les ofrece. Por esa razón, los medios de comunicación tenemos un importantísimo rol en cualquier proceso electoral, precisamente porque tenemos la obligación de informar y porque es nuestra responsabilidad preguntar y saber preguntar, debemos de alguna forma canalizar las inquietudes de la población y aspirar a la verdad, así como los políticos deberían aspirar a la virtud. Es indudable que el electorado es tan diverso como compleja es la Sociedad misma, es imperioso que el debate permita conocernos y dimensionar nuestras posibilidades, la democracia debe perseguir ese sendero y este es un cometido que involucra a todos.
Esta es una oportunidad para pensar en el porvenir, es el tiempo para hacernos preguntas, José Ingenieros sostenía: “¿Cómo no distinguir que el uno tiene ideales y el otro apetitos, el uno dignidad y el otro servilismo, el uno fe y el otro credulidad, el uno delirios originales de su cabeza y el otro absurdas creencias imitadas de la ajena?”. ¿Es posible distinguir?, ¡Debería serlo!, porque el fundamento de la democracia es poder elegir y toda elección debería ser expresión de un momento de libertad y sobre todo debería ser un motivo para reflexionar si tenemos esa libertad, si somos capaces de distinguir entre ideales y apetitos, entre discursos con ideas propias o letanías de ideas ajenas, ese debería ser un buen propósito para quienes ejercitan el voto y una buena tarea para quienes tenemos la posibilidad de comunicar, que es finalmente en esencia el empleo del lenguaje para que se pueda registrar, transmitir y recordar, algo temporal como la vida misma y a la vez algo que perdura en la medida en que tenga valor para el futuro.



