Con la presentación de las listas de candidatos que terciarán en las elecciones de octubre próximo, en pos de una senaduría o diputación en la Asamblea Legislativa Plurinacional en las elecciones de octubre próximo, ha terminado de configurarse el escenario político nacional de los próximos meses y años.
Las nueve fórmulas inscritas muestran un cuadro que se puede dividir en tres categorías.
Una, de la que forman parte seis candidaturas que, por lo irrelevantes que son, no merecen ni ser tomadas en cuenta, condenadas como están a pasar por el proceso sin dejar ninguna huella. Tal vez la excepción en este grupo sea la fórmula de UCS, encabezada por Víctor Hugo Cárdenas, que, aunque no logre buenos resultados en las urnas, podrá ser recordada por haber puesto en la agenda política nacional temas hasta ahora ausentes, como los enarbolados por las corrientes más conservadoras de la sociedad.
En la segunda categoría se puede incluir esta vez una sola fórmula, la de Bolivia Dijo No. Está en un punto intermedio entre las otras dos pues, si bien no aparece en los sondeos con posibilidades de disputar la presidencia, puede reunir los votos suficientes para constituirse en una fuerza parlamentaria capaz de influir decisivamente en el futuro político nacional.
La tercera categoría está compuesta por el MAS y Comunidad Ciudadana (CC). En ambas fórmulas tiende a concentrarse el grueso de la votación del oficialismo y de la oposición respectivamente. Es decir, CC tiende a ocupar el lugar que en elecciones pasadas ocupó Podemos (2005), Plan Progreso (2009) y Unidad Nacional (2014).
Como se puede ver, el escenario actual tiene muchas similitudes con los que enmarcaron los procesos de los últimos 15 años. Pero hay también importantes diferencias.
Entre las primeras, se destaca el hecho de que el “antievismo” sigue apareciendo como el principal elemento aglutinador de la oposición, sus miembros y potenciales votantes. Es así porque, por lo menos hasta ahora, no ha mostrado un plan de gobierno, un proyecto de futuro, que pueda pasar del rechazo a lo hecho por el MAS durante los últimos tres quinquenios, a una sólida propuesta alternativa.
El principal riesgo que pesa sobre CC es que repita la mala experiencia de las principales fórmulas opositoras que la precedieron. Es decir, que logre ser una exitosa fórmula electoral, pero sin llegar a constituirse en un instrumento político de verdad.
Por supuesto, el panorama descrito puede cambiar durante los próximos meses. Y es de esperar que así sea pues, de lo contrario, será muy grande la probabilidad de que nos encaminemos hacia una reedición de la desigual confrontación de fuerzas de los últimos años.



